OSCURO SILENCIO

Capítulo 6: Frustraciones

Ryou ya estaba listo para marcharse, solo unos golpes sin seriedad era lo que había obtenido de aquél choque, claro que eso no era lo más importante ahora, si no el sujeto que había visto, no había duda, era alguien que o lo protegía o lo advertía, la verdad le resultaba imponderable la duda.

Había recogido sus cosas y Yami lo ayudaba, a pesar de que él decía no necesitarlo, a bajar los escalones y caminar. El reposo era primordial, y claro que, Ryou, no era el único que pensaba en cosas extrañas, Yami también tenía la cabeza en su mundo. El sujeto que anoche había estado en la cama de Ryou le resultaba extrañamente familiar, era algo raro, no le pudo ver bien el rostro, pues era de noche, pero la forma de actuar, y la esencia, era algo que había llamado su atención, además de aquél objeto que no pudo distinguir bien, pero que le dio un fuerte impacto…

Mientras andaban de camino a casa, no hubo mucha charla, ambos tenían sus propios pensamientos, muy similares, pero claro, no lo sabían; el clima, la salud de Ryou y los amigos era lo más que se podía tocar en la conversación.

El de ojos violetas no era capaz de decirle al peliblanco las dudas que en ese momento lo embargaban, era difícil, incluso para él, saber que era de lo que realmente dudaba.

Llegaron pronto, el hospital estaba cerca, y Ryou se había negado a tomar un taxi, pues decía que se sentía mejor. El sitio estaba como la última vez que Ryou pisó el lugar, aparentemente, nada de Bakura aun, si no, se notarían sus peculiares señas. El dueño del Rompecabezas del Milenio ayudó a Ryou a sentarse en el sofá, luego, el se sentó junto a él, se había cansado un poco al cargar al albino, ya llevaban cinco minutos sin dirigirse la palabra, hasta que, repentinamente, Ryou decidió iniciar.

-¿Por qué?

-¿Por qué qué?- preguntó el de ojos violetas al peliblanco, este, solo se mantenía con la mirada baja ocultando sus ojos tras su cabello.

-¿Por qué lo atacaste? Al sujeto de anoche… No te hizo nada.

El Faraón lo miró consternado, ¿Por qué Ryou defendería a un sujeto al que ni siquiera le conoce el nombre?

-Pues porque estaba sobre ti, no lo conocía, pensé que era un ladrón… O…

-¿Bakura? Ja, estás mal, mi contraparte lleva más de un mes sin poner un pie aquí, ¿Cómo querías que él fuera? Además yo lo había visto antes ¿Es que no me pones atención? Te dije que él me vigilaba, y aunque no fuese mi Ángel Guardián, me protegió y trataba de decirme algo, y por tu culpa ahora no se que es lo que vaya a suceder.

Ryou sonaba muy diferente a como era, un tono sarcástico y el enojo se habían apoderado de su hermosa voz, Yami se limitó a fruncir el entrecejo, ¿Qué le pasaba ahora al peliblanco? Pero él no se quedaría callado.

-¿Sabes por qué lo hice?- ahora el Faraón era el que sonaba molesto, Ryou volteó a verlo un poco confundido- porque tenía miedo de que algo te sucediera.

La confesión fue tan rápida, que el de ojos violeta no pudo girarse o hacer algo para ocultar su sonrojo, Ryou lo percibió, pero trató de despistar eso que ahora también amenazaba con sucederle a él.

-Pues no deberías de temer, se cuidarme solo, es ilógico que puedas temer por mí, apenas eres mi amigo, en todo caso Yugi sería a quien le sucediera eso.

-No por ser algo reservado significa que no puedo tener sentimientos- ahora lo que comenzó como una charla se había vuelto más una ligera discusión.

-Pues no sé por qué te tomas tantas molestias por mi, si no creo significar nada para ti, a veces creo que lo haces por apiadarte de esta forma tan lastimera en la que me vez, porque seguramente eso es lo que yo significo para todos, una criatura indefensa que necesita ser cuidada de otros para sobrevivir.

-¡¿Y quién dice que te veo de esa forma?! Yo jamás he dicho eso, y tampoco creo que los demás piensen así.

-Tú no sabes nada, nada, nada te importa, solo estar con Yugi.

-Yugi me importa mucho, pero no es lo único, tengo también otras cosas que me importan como cualquier humano normal.

-¡Entonces haz lo que te importa y no te metas en los asuntos de los demás! Tu haz lo tuyo y lo restante déjalo en paz…

-Es que eres un tonto… Un tonto que se ganó mi corazón- Ryou quedó en shock al oír estas palabras, su vista se perdió y su mente trató de procesarlas, pero mientras eso ocurría, Yami se acercó a él, y tomándolo por la espalda, le dio un beso, que más bien fue un ligero roce de labios, sintiendo al fin, esa boca tan dulce y suave que deseaba probar, intentó seguir más, pero en ese momento, el peliblanco pudo reaccionar, fue algo raro, sintió sus músculos relajarse, duró un par de segundos más hasta que reaccionó del todo, y, con los brazos entumidos por la reacción, logró empujar a Yami un poco, haciéndolos cortar ese beso.

Yami lo miró con confusión ¡¿Qué había hecho?! Se había jurado no empezar así… ¡Y ahora lo había arruinado todo! Por la expresión que Ryou tenía, parecía que le hubiera disgustado aquella acción.

-Lo lamento Ryou… No fue mi intención hacer esto… Yo… Fui un estúpido… -intentó disculparse, sabía que era en vano, pero debía intentar.

-Quiero estar solo… - fue la única contestación por parte del dueño de la Sortija Milenaria, Yami lo miró con cierta culpa y dolor, se incorporó lentamente y lo miró por última vez, antes de decirle en un susurro un “Adiós” y retirarse de la casa.

Ryou quedó viendo a la nada un minuto más, y entonces el silencio se rompió con su llanto, se echó al sofá y comenzó a desahogarse.

-Los dos lo somos… Unos estúpidos- comentó entre llantos- porque yo no se que es lo que me ocurre… Y lo siento…

No era el único que se sentía así de mal, Yami caminaba rápidamente por las calles, entre más rápido llegara a casa más rápido podría encerrarse y meditar por toda la eternidad lo tonto que había sido.

Incluso un par de lágrimas amenazaban con salir de sus joyas violetas, había hecho mal, muy mal, pero el instante de sentirse frustrado y de que el subconsciente gane es algo contra lo que no se podía luchar.

¿Cómo se lo explicaría a Yugi? ¿Cómo podría volver a ver a Ryou? ¿Cómo desaparecería eso que le oprimía el pecho? Necesitaba una respuesta, algo, algo con que desahogarse.

Apenas unos segundos le quedaron para reflexionar, ya que enseguida se percató de que no estaba solo, alguien más lo venía siguiendo.

Volteó rápidamente para ver si lograba observar algo, pero al parecer había sido su ilusión, pero no podía ser, había sentido una corriente de aire y una mirada muy pesada en su nuca, además de la sensación de algo al moverse rápidamente.

Ignoró aquella ilusión para seguir en sus pensamientos… Se sentía irremediablemente mal…

Dio al vuelta y cayó al suelo duramente, se asustó un poco al recibir el impacto, todavía no estaba curado del todo, así que un ligero golpe le dolía mucho. Se percató de que se había quedado a dormir en el sillón, se podía apreciar la humedad en este, aun seguía así por su llanto…

Se incorporó pesadamente y se fue directo a su habitación, no tenía hambre, tal vez después de una larga siesta se le apetecería algo, ya habría tiempo… Mucho tiempo…

Abrió la puerta de su habitación y se sorprendió al ver que no estaba solo.

-¡¿Qué ha-hace usted aquí?!

Aquel sujeto no respondió, se encontraba viendo el escritorio, dando la espalda al albino, al parecer examinaba algo, cuando Ryou le habló, mostró una mueca como si tratara de sonreír, cosa que lógicamente le fue imposible…

-¿Esto es para mí?- comentó mostrando a Ryou la daga que semanas atrás había comprado y que pensaba obsequiar a Bakura, pero al faltar su presencia, se había olvidado por completo del objeto, dadas las condiciones pasadas, lógicamente tenía muchas cosas en las que pensar… Y no estaba la daga en ellas.

-De hecho… Era para otra persona.

-¿Te refieres a tu amiguito el del hospital?- comentó con cara de asco.

-No, a Yami no, era más bien, a una persona similar a mi- ante esto, el otro se sorprendió notablemente, pero luego bajó la mirada y comenzó a examinar como antes de que llegara el albino, el objeto.

-Pues no tienes malos gustos, niño.

-A eso no es a lo que vino ¿O si?- preguntó desafiante- dígame de una vez, qué es lo que me quería decir y ¿Quién es realmente?

-Con respecto a la primera pregunta, tampoco te voy a poner las cosas fáciles, chiquillo, tienes que razonar, te lo dije, el arrepentimiento, examina tu mente, más claro no puede estar, con la segunda, que te importa quien soy, después de todo, a eso no vine ¿Verdad?

-Y yo también se lo dije, no soy bueno para esto, bastante frustrado estoy con algo que sucedió hace rato como para que venga a ponerme un acertijo.

-Sí… Se lo que ocurrió, con el Faraón de pacotilla ese…

-¿C-Cómo sabe que era un Faraón?- preguntó sorprendido, el otro se limitó a emitir un gruñido, él tampoco pensaba decir ese dato, pero se le había salido al inundarlo la rabia de ese peculiar recuerdo.

-Ya te dije que no te incumbe.

-¿Nos vio acaso?

-No necesito ver esa asquerosa escena para saber lo que pasó… Además, ese estúpido iba como un llorón a casa.

-Yami… -dijo Ryou bajando la mirada, se sentía culpable en parte, lo había corrido a pesar de la ayuda que le había brindado, pero es que se sentía muy confundido como para pensar bien las cosas.

-¿En verdad lo amas?

-¿Qué?

-¿Eres sordo o qué? Niño tonto… Te pregunté, si en verdad amas a ese sujeto, al Faraón de cuarta- preguntó con recelo.

-No… No lo creo, yo solo… -Ryou levantó la vista y vio a aquél sujeto detenidamente, apenas se había fijado en un pequeño detalle- Espere un minuto, percibo algo familiar en usted… Usted, usted no es quien creo… -se acercó más al otro sujeto, este retrocedió un poco ¿Qué era lo que Ryou había aprendido?- Usted es… Es… ¡Es Bakura!

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