Capítulo 5: Mi Ángel Guardián
Despertó un poco mareado. Lo primero que vio fue un techo blanco, con una luz que le lastimó los ojos, y que los obligó a cerrarse, ya era de día, no recordaba bien por qué estaba ahí, se incorporó un poco, emitiendo leves gemidos de dolor, hasta quedar sentado, y fue entonces, cuando vio a una persona, aparentemente dormida, sentada en una silla con sus brazos y cabeza recargada sobre la orilla de la cama.
-¿Yami?
El joven de cabello tricolor levantó la mirada, evidentemente no había podido dormir, Ryou se sintió un poco mal por saber que su amigo se encontraba así por su causa, el de ojos violetas le dirigió una sonrisa, tras emitir un bostezo que mostraba la falta de descanso.
-Hola Ryou, ¿Cómo te sientes?
-Bien, pero no tenías por qué haberte quedado aquí toda la noche… Yugi se preocuparía y…
-Yugi también vino, le hablé anoche, estuvo hasta altas horas de la noche, se regresó a casa con Joey, todos vinieron a verte, estabas muy pálido, tenías fiebre, me alegro de que estés mejor- dijo sentándose al lado del peliblanco, haciendo que este se sonrojara levemente, volteó rápido al lado contrario de los ojos de Yami, y fue, cuando pudo ver, cierto objeto que llamó su atención.
-¿Qué es eso?- señaló un pedazo de tela negra que se hallaba atorada junto a una de las orillas de la cama, Yami lo tomó y lo examinó extrañado.
-Parece, como si alguien hubiera tenido prisa y su ropa se hubiera quedado enganchada- a Ryou solo se le pudo formular una imagen en su mente, evidentemente, ese pedazo de tela, lo conocía…
-Mi Ángel guardián… -dijo casi en un susurro, tomando la tela y viéndola, Yami alcanzó a escucharlo.
-¿Ryou? ¿Te encuentras bien?
-Sí, Yami, muy bien- dijo esbozando una sonrisa mientras veía el trozo de tela- ¿Notaste si alguien vino a verme anoche, a parte de nuestros amigos?
-Eh, pues no, ahora que lo dices, después me dormí un poco, no me pude percatar, pero el ruido de la puerta me hubiera despertado.
Ryou frunció el entrecejo, tal vez aquél ser no utilizó la puerta, volteó a su izquierda y vio un gran ventanal que mostraba un bello paisaje de la ciudad, tal vez… Por ahí pudo entrar, como fuera, aquél ser debía cuidarlo o algo por el estilo, ya que siempre se sentía observado, y el día de ayer, le había salvado la vida, usando misteriosamente la Sortija.
-Tengo un poco de hambre- dijo Ryou mostrando una dulce sonrisa, para romper aquél incómodo silencio, Yami lo miró parpadeando varias veces, luego, le devolvió el gesto, mientras se incorporaba y se dirigía a la puerta, en busca de una enfermera para darle el almuerzo al albino.
…
Sólo serían tres días los que Ryou pasaría en el hospital, su daño no había sido tan grave así que pronto estaría en casa. Había convencido a Yami de que fuera a descansar con Yugi, que él estaría bien, habría muchos doctores y enfermeras que estarían pendiente de él, no habría que alarmarse, después de todo, ya se sentía mejor.
Debía aceptar que el hospital era muy aburrido de día, pero de noche, estaba a punto de descubrir que no lo era del todo.
Había terminado de cenar, sus amigos se habían marchado ya, su madre le había hablado desde Inglaterra para ver como estaba, y estuvo insistiendo en venir, pero, por suerte, el albino tenía sus tácticas, su padre, quien le habló desde Egipto, fue más flexible, ya sabían que Ryou tenía dieciséis años y podría cuidarse solo.
El sueño se había apoderado de él, era casi media noche, había recordado que una de las enfermeras había cerrado la ventana que de día disfrutaba de abrir, pero, entraba mucho frío, era como si el aire atravesara los cristales, el peliblanco no podía dormir con ese clima tan detestable.
Se intentó sentar, y fue entonces, cuando se dio cuenta, de que había alguien más encima de él…
Una figura delgada, con la capa ondeando por el viento, se encontraba mirándolo fijamente, sentado justo en sus caderas, Ryou se alarmó pensando que talvez se trataba de un ladrón o un enfermo loco, trató de gritar, pero unas frías manos le cubrieron la boca.
Trató de sacudirse pero el otro se pegó más a él, en esos momentos hubiera deseado no decirle a Yami que se marchara.
-Niño miedoso, tranquilízate, no te haré nada.
Aquella voz, la reconoció al instante, se paró en seco, trató de divisar la cara de aquél sujeto, pero la oscuridad era densa, se limitó a mirar la silueta, el de gabardina, al ver al menor relajado, optó por descubrirle la boca.
-¿E-Es Mi… Mi Ángel… Gu-Guardián?- preguntó con timidez, el de encima, solo se limitó a reír…
-Pues, no digamos que soy eso, pero me alegraría que te alejaras de la basura- habló suspicazmente. Ryou quedó confundido.
-¿D-De qué habla?
-No te hagas el inocente, hablo de esa sanguijuela que siempre se te pega, creo que deberías alejarte de él, te hará mal.
Definitivamente ese no podría ser un Ángel, mas sin embargo, Ryou sentía cierta curiosidad por aquella persona, y era la primera vez que hablaba de una manera formal con él.
-¿Se refiere a Yami? Él es bueno.
-¿Eso crees? Sólo te preocupas por cosas sin importancia ¿Verdad?
-No entiendo a qué se refiere.
-Olvidas las cosas fácilmente.
-Claro que no, hay hechos que me marcarán por el resto de mi vida- comentó melancólicamente, desviando su mirada hacia la puerta, el sujeto que estaba sobre él guardó silencio, como si comprendiera lo que decía el albino.
-Pero también hay cosas que hacen que la gente pierda el control- argumentó, como si el comentario fuera hacia él.
-Uno debe aprender a medirse, a saber cuales son sus límites y el de la gente que lo rodea, habría que encontrar fáciles soluciones, unas menos dolorosas- prosiguió con la voz desquebrajada.
-¿Conoces el arrepentimiento?
-Por supuesto que sí, todo humano lo conoce, ¿Por qué me pregunta eso? ¿Quién es realmente usted? ¿Qué quiere de mi?
-Ya te lo dije, solo quiero que te alejes de la basura, pero eres un terco, como sea, se que pronto te darás cuenta.
-Me está lastimando- no era que el sujeto fuera grueso, pero la posición en la que se encontraba ponía nervioso al albino.
-Sé que nos veremos después- dijo el otro sin poner atención al comentario de Ryou- necesito mostrarte algunas cuantas cosas- acercó su rostro al del peliblanco y aspiró el olor de sus labios, el otro quedó sorprendido, el de gabardina se incorporó dando un salto ágilmente y salió por la ventana, dejando a un asombrado Ryou.
…
¿Se lo contaría a Yami? Era algo muy, algo que debía guardar para él, lo sentía, muy personal, a decir verdad, el sujeto no le había causado miedo, tenía un olor familiar, que lo inquietaba demasiado, se había quedado con muchas dudas, si aquél ser volvía nuevamente a visitarlo, le preguntaría directamente, lo había dejado muy intrigado, en especial con eso de alejarse de Yami y del arrepentimiento ¿Por qué lo diría? ¿Es que acaso algo sabía él que Ryou no? Debía averiguarlo…
-Ryou, has estado muy pensativo, no has tocado tu desayuno ¿Te encuentras bien? Mañana te irás a casa, lo menos que puedes hacer es poner un aspecto mejor.
-Ah, lo lamento, Yami, es que aun me duele la cabeza, pero gracias por preocuparte- ya estaba dicho, no se lo diría, no quería involucrar a más gente en ideas que tal vez pudiesen ser producto de la imaginación.
-Bien- dijo el chico de ojos violetas encogiendo los hombros- Yugi quiere visitarte ¿Te encuentras bien para recibirlo?
-Si he soportado al mayor, ¿Por qué al menor no?- comentó en tono de juego, Yami le sonrió y abrió la puerta, dejando ver a su Hikari, tal vez, debía contarles algo, no todo, pero si darles algunas pistas, así podría sacar algún consejo.
…
Estaba dicho. Yami se quedaría la última noche con él, ya que al día siguiente Ryou se podría marchar, pero, quería hablar con aquella persona que lo visitó la noche anterior, aquél ser misterioso, y si Yami estaba, la plática no podría ser como el quisiera, quería mucho al de ojos violeta, claro; un leve sonrojo lo invadió, pero si quería averiguar cosas, necesitaba privacidad, y la insistente excusa de Yami al decir que descansó lo suficiente y que Yugi se encontraría en casa con el abuelo, ganaron contra las excusas de Ryou, así que no le quedó más remedio que aceptar.
El último día pasó lento y desesperante, o tal vez solo era el nerviosismo y la inquietud de Ryou al saber que tal vez el ser con gabardina vendría a verlo; las pláticas que Yami intentaba sostener con él no eran muy exitosas que digamos, el peliblanco casi no respondía o respondía cosas sin sentido, tenía la mente en otro lugar.
Y a pesar de todo lo que estaba sucediendo, no podía dejar de pensar en Bakura… Era ilógico, pues el no merecía que alguien lo recordara, Ryou era un tonto, a pesar de que su contraparte lo marcó para siempre, él aun seguía, esperando a que regresara, aun su estúpido corazón no había borrado los sentimientos hacia el ladrón, y luego Yami y su amabilidad, y por último el sujeto misterioso que lo seguía.
Había dejado las ventanas abiertas, tonto pretexto del calor, pero era la única forma de que el otro entrara, quería saber que pasaba.
…
Sintió como algo cálido descansaba sobre su cuerpo, sabía muy bien quien era. Aquél sujeto había tenido la costumbre la noche anterior de ponerse sobre de él, muy rara costumbre, para agregar, abrió los ojos y lo pudo ver.
-Vaya, parece que el miedo ha abandonado tu cuerpo.
-¿Por qué habría de temerle?
-Bien, no vine aquí a parlotear tonterías, sobre lo que te dije anoche… Muy pronto pasará algo, y ya se lo que tu absurda mente pensará pero aun así es algo importante, nada más reflexiona un poco.
-¿Qué? ¿Ahora de que me está hablando?
-¡El arrepentimiento, tonto!- gritó exasperado aquél hombre.
Todo iría bien, pero el sujeto que estaba sobre Ryou no se dio cuenta de que alguien más estaba en la habitación, y que por causa de su poca paciencia había despertado, Ryou miró a aquél ser extrañado, y luego giró su vista hasta toparse con la otra silueta familiar, estaba en serios problemas.
-¡¿Quién eres tu?!
-¡Ah! ¡Escoria! Estúpido eso pregunto yo- aquél sujeto brincó hábilmente de la cama hasta la orilla de la ventana, pero Yami se abalanzó sobre él a tiempo, quedando sobre el de gabardina, mientras que el otro, haciendo uso de un objeto que Ryou no pudo distinguir que era, pero que emitió una fuerte vibración, hizo que el Faraón cayera de espaldas, dando un golpe seco, el extraño se incorporó rápidamente y brincó por la ventana.
El Faraón se paró con dificultad y llegó hasta la ventana, donde se asombró al ver que no había rastro de aquél hombre misterioso, todo esto había pasado casi en fracción de segundos, por lo que Ryou estaba paralizado aun por la escena.
Yami volteó a verlo, no sabía lo que ocurría, ni tampoco lo que pensaba Ryou, pero de algo estaba seguro… Ese sujeto le era familiar, o más bien, su esencia.