OSCURO SILENCIO

Capítulo 4: Motivos

¿Motivos? No los tenía, no tenía excusas para ir a visitar a sus amigos, todos sabían perfectamente que su estado de ánimo había mejorado, pero él solo iba por algo, o más bien, por alguien.

Yami era un chico amable, sincero, amistoso, ¿Y por qué no decirlo? Atractivo.

-“Ryou no estés pensando en esas tonterías.”

¿Pero qué tenía de malo? Si lo había ayudado mucho, incluso en el peor momento de su vida estuvo con él, lo apoyó y le brindó su amistad a pesar de todo, no hacía mucho que últimamente se había fijado peculiarmente en aquél par de ojos violetas, seguros, fuertes, y en aquella sonrisa sincera… No lo podía creer…

¿Se estaba enamorando de Yami?

Pero repentinamente fue sacado de sus pensamientos al sentir el impacto de otro cuerpo sobre el suyo, levantó la mirada, casi había caído, a no ser porque aquél sujeto lo había detenido por la cintura, Ryou lo miró confundido, el otro lo miraba de una manera extraña.

-¿Qué haces aquí?- preguntó en un tono autoritario.

-¿Disculpe?- Ryou miró a aquél sujeto confundido. Se trataba de un chico de su edad, con el cabello castaño y ojos verdes, era más alto que él, pero se veía igual de débil, mas el haber evitado la caída del peliblanco, contrarrestaba aquella apariencia.

De un momento a otro, el sujeto soltó al albino, al parecer no se había percatado de algo, miró hacia el frente y trató de caminar como si nada hubiera pasado, pero Ryou lo detuvo.

-Esto… ¿Me conoce?

El otro no le respondió, ni siquiera lo miró de frente, solo se limitó a cruzar los brazos y a responderle.

-No. Creo que me equivoqué.

En seguida siguió su curso sin darle tiempo de responder al peliblanco. Ryou lo miró pensativo, había notado apenas un dato que hubiera pasado desapercibido si aquél sujeto no hubiera sido tan cortante. Se trataba de una larga gabardina negra que ondeaba a su ritmo con ayuda del viento. El albino lo miró consternado, se le hacía familiar aquella figura, no entendía por qué, solo, de lo que si estaba convencido, era que de ese “Creo que me equivoqué” no había verdad alguna.

Definitivamente todo se estaba tornando muy extraño, las desapariciones y formas de tratarlo por parte de Bakura, los sentimientos apenas flotantes hacia Yami, y las extraños acontecimientos acerca de esos seres con gabardina en las últimas semanas.

Trató de no darle importancia al asunto y siguió hacia su objetivo, algo nervioso a decir verdad, y no precisamente porque fuera a cometer algo raro, mas bien porque alguien lo empezaba a poner así.

Llegó al lugar. La tienda de juegos de la familia Mutou. Ya extrañaba ese lugar. Tocó tres veces y tras esperar un rato, Yugi fue quien abrió la puerta.

-Hola Yugi ¿Cómo estás?

-Bien, Gracias Ryou, pasa.

Todo como de costumbre, los muebles, el lugar cálido, el ambiente sereno, Ryou se sentó en uno de los sofás, acto seguido que repitió Yugi, quedando ambos de frente. Hubo un poco de silencio, Ryou había notado que algo esencial faltaba en aquél lugar, y sinceramente lo inquietaba.

-¿Y Yami?- preguntó fingiendo desinterés.

-Salió. Raro que vaya solo, pero no puedo cuestionarlo- comentó encogiendo los hombros, luego de una cesta que estaba en la mesa sacó las galletas favoritas de Ryou y de él, nunca podían faltar en las veces que les tocaba charlar ahí- ¿Galletas?- preguntó amablemente ofreciéndole la cesta al albino para que tomara.

-Sí, Gracias- pero el saber que no estaría esa tarde, lo desilusionó un poco, ¿Pero por qué? ¿Qué rayos empezaba a sentir él por el Faraón? Las galletas no sabían a lo mismo sin esa presencia. Dio un ligero mordisquito.

-Hey, ¿Qué pasa? ¿No te gustaron? Son tus favoritas, de vainilla, ¿O acaso ya has comido?- preguntó frunciendo la boca y poniendo una falsa cara de enojo.

-No, no es eso- dijo Ryou esbozando una sonrisa- es solo que, perdí el apetito, de camino a su casa… -sería bueno que le platicara a Yugi el incidente que había tenido minutos antes, ya que no estaba Yami, pero igual él lo ayudaría, después de todo, era su amigo.

-¿Sí?- lo animó a seguir Yugi, mientras él daba un mordisco a una galleta de chocolate.

-Un sujeto… Chocó con migo y… Bueno… Fue raro… Me preguntó que qué hacía ahí… Y lo más gracioso del asunto, es que yo no lo conocía- comentó con una risa nerviosa- luego le pregunté si él me conocía y dijo que se había equivocado… Y lo curioso fue que traía una gabardina negra, tal como la que le conté a Yami… ¿Te lo platicó?- Yugi asintió atento- Bien, pues se me hizo familiar…

-¿Y tu crees… Que el sujeto de la gabardina, y el que corría… Sean el mismo?

-Pues, no había pensado eso, pero en cierto punto tal vez tengas razón, y no es lo único, últimamente siento como si me siguieran, es raro, y me da miedo, además, Bakura lleva días sin poner un pie en la casa, es como si se hubiera desaparecido, o huido, no se lo que pase Yugi, es muy raro en verdad.

-Tal vez Bakura y esos sujetos están relacionados, si Bakura no ha llegado a tu casa puede ser porque está huyendo de esos sujetos, seguramente por eso lo buscan, y puede ser también que por eso te sigan, eres su Hikari, pueden pensar que sabes donde está- comentó pensativo el dueño del Rompecabezas Milenario.

-Tienes razón, pero como de seguro se habrán dado cuenta… Yo no tengo la más mínima idea de donde esté.

-Pues lo mejor será que tus visitas se reduzcan, y no lo digo porque nos molestes- comentó al ver la cara despectiva del peliblanco- si no porque puede representar un peligro salir de tu casa con esos sujetos rondando por ahí.

-Tienes razón… -dijo Ryou parpadeando varias veces- pero, yo fui el único que lo vi esa ocasión, no podría resultar que fueran fantasmas o algo por el estilo.

-Eso es raro… Trataremos de ayudarte, en cuanto llegue Yami, le contaré esto…

-¡No!- Yugi se sobresaltó ante la reacción del albino, Ryou palideció, no esperaba decir esa respuesta- lo lamento Yugi, es que últimamente he andado muy confuso… Pero, creo que será suficiente, con que te lo haya dicho a ti… -finalizó mientras se incorporaba, esta vez su visita se había reducido notablemente.

-E-Está bien- articuló Yugi- p-pero si llegaras a necesitar ayuda, no dudes en buscarnos.

El albino asintió, trató de formar una sonrisa pero solo consiguió la mitad, Yugi entendió la situación, se incorporó y lo acompañó hasta la puerta.

Motivos…

¿Qué motivos tendría Bakura para desaparecer tan repentinamente? Y más aun, después de haberle causado un gran daño a Ryou… Había un misterio, algo escondía el Espíritu de la Sortija…

Y para más… Últimamente ya no veía juntos a los poseedores del Rompecabezas del Milenio… Cuando iba Yami, Yugi no estaba, y viceversa… Tal vez, el hecho de ir tanto los había fastidiado, cosa que sonaría ilógica ya que ellos solo querían ayudarlo, fuese lo que fuese, si esto seguía así, tal vez optaría por utilizar su Sortija.

-¡Cuidado!

El peliblanco reaccionó al ver un auto acercarse, enseguida, un sujeto corriendo hacia él, tirándolo contra el piso, Ryou cerró los ojos, había logrado que el auto no lo golpeara a él, pero ¿Y el otro sujeto? Recibiría todo el impacto, esperó lo peor, pero nada ocurrió, sintió como si sus oídos se taparan, y, cuando abrió los ojos, aquella persona sostenía la Sortija del Milenio en su mano derecha, -haciendo un campo de fuerza que había hecho frenar al auto impactándolo un poco- mientras que con la otra abrazaba al albino, Ryou quedó impactado al ver como había utilizado la Magia que contenía la Sortija… ¡Ningún humano podía controlarla! ¿Cómo aquél sujeto si?

Cuando pudo reaccionar mejor, ya que estaba algo atontado por el golpe, pudo divisar a un grupo de gente a su alrededor, la herida no fue tan dura gracias al fuerte brazo de aquella persona, cuando viró para localizarla, misteriosamente había desaparecido, ¿Pero cómo? ¿En el estado en el que se encontraba? Era imposible, Ryou vio como el cuerpo de esa persona recibió un gran daño al atravesarse ¡¿Qué rayos estaba pasando?!

No cabía duda, aquella persona que lo había salvado se trataba de ese ser con gabardina negra, todo comenzaba a encajar… Pero pensar en eso le provocaba un serio dolor de cabeza.

Trató de incorporarse, pero nuevamente cayó, suspiró pesadamente, le dolía mucho la cabeza, a lo lejos oyó venir a la persona que había estado esperando horas atrás, sintió como lo alzaba con cuidado y decía palabras que apenas podía distinguir.

-¿Yami?

-¡¿Ryou, qué rayos te pasó?!- el albino rió irónicamente, ¿No se notaba que le había sucedido? Claro que estando en una situación así, cualquiera dice tonterías.

-Me… Distraje un poco y…

-Anda- comentó interrumpiéndolo y ayudándolo a levantarse- hay que ir al hospital.

-Pero… Ya me encuentro mejor- Yami lo miró extrañado, Ryou no sabía lo que decía, no dijo nada, solo se limitó a ayudarlo a caminar.

-Un chequeo te vendrá bien… Lo que me extraña es que no hayas sufrido daño alguno mientras que ese carro pareció estrellarse contra la pared ¿Cómo fue que no te sucedió casi nada?- había algo raro en aquella voz que Ryou extrañaba oír.

-No… Sé… Tal vez… Fue… Mi… Ángel guardián… Quien me salvó… ¿No?- Ryou miró a Yami con una semi sonrisa, incitándolo a recordar aquellas palabras que le había dicho hace ya un mes, el otro lo miró con inquietud.

Ryou sintió desde el otro lado una mirada, volteó ligeramente y se pudo percatar de que un par de ojos lo miraban, pero no eran aquellos ojos verdes de quien ahora consideraba su Ángel guardián… Si no que eran unos ojos… Muy conocidos, fríos, siniestros, llenos de maldad que ahora se podía percibir que se disipaba, aquellos ojos color caoba que Ryou tanto conocía…

Los de Bakura…

-¿Ba-Bakura?

El Faraón lo miró extrañado, el albino repentinamente cayó inconsciente, por suerte, Yami alcanzó a guiarse por la mirada de Ryou hasta el objetivo que este hace unos instantes miraba, pero, no había nada, pensó que tal vez imaginó a Bakura en ese lugar, debía tener fuertes motivos para recordarlo, lo que a él le pareció extraño, ya que si te hacían daño, lo menos que podías hacer era olvidar a esa persona.

Pero había algo más… Ryou hablaba de un sujeto con Gabardina negra y capucha que siempre lo estaba vigilando… Había ido a investigar el motivo, quería cerciorarse de que todo estuviera bien, mas nada había encontrado… A menos de que lo que Ryou decía acerca de los fantasmas fuera cierto…

-Qué día tan raro, primero lo que me sucedió a mi y luego esto… No te preocupes Ryou, pronto estarás mejor, pronto…

siguiente