Capítulo 3: No se que pensar
Las visitas con Yami cada vez eran más frecuentes, a menudo cambiaban el lugar de su encuentro, no quería que un día de estos el Espíritu de la Sortija los descubriera; se veían en el parque, restaurantes, la biblioteca, incluso en casa de Yugi, quien se mostraba amable con Ryou, su situación lo ameritaba, no cabía duda de que un poco de apoyo por parte de sus amigos le bastaba para sentirse mejor.
Pero también le invadía la preocupación, y es que a últimas fechas, el Espíritu no lo había tocado, ni siquiera lo insultaba como de costumbre, además de que llegaba a horas más tardes de las habituales, y lo único que hacía, era limitarse a emitir un gruñido al ver al albino cerca de él o ignorarlo por completo, pareciese que Ryou se había vuelto un fantasma en la vida de su contraparte.
Pero… ¿Eso estaba bien?
Era una tranquilidad deseada, mas el hecho de olvidar la “Rutina” era algo que, mas que preocuparlo, le inquietaba… A menudo se preguntaba si Bakura estaría en contacto nuevamente con Marik, aunque ambos sabían que él ya no se encontraba en este mundo… Pero conociendo la necedad del mayor, miles de ideas acerca de los planes de Bakura asaltaban su mente.
…
Otro día en el que se vería con Yami y Yugi, y, al parecer, sin rastros de Bakura, por el momento estaría bien que no apareciera.
La tarde estaba algo agitada, hacía mucho viento, la ruta que tomaría hoy Ryou sería en el restaurante, tenía un poco de sed, “Seguramente el Faraón llevará a Yugi, a él le encantan las malteadas, será una tarde tranquila, si no contamos el viento y la posibilidad de que Bakura aparezca” - un escalofrío recorrió su cuerpo al pensar en su contraparte- “¡Que va! Él no podría aparecerse en un sitio como ese”
Llegó al lugar, poblado de chicos divirtiéndose y parejas disfrutando, con una música que lo relajaba, se sentó en una mesa que no llamara mucho la atención, pero que a la vez pudiera hacer que Yami y Yugi lo divisaran.
Ordenó su habitual malteada de vainilla mientras esperaba, pasó un tiempo y hubo tranquilidad, hasta que hubo algo que llamó mucho su atención, se trataba de un hombre con una gabardina y capucha negra que lo cubría perfectamente, corría a una velocidad sorprendente, parecía huir de algo o alguien, el albino se asombró al verlo, no solo por su rara forma de vestir, si no por la velocidad con la que iba, casi se podía percibir que estaba flotando, su rostro se giró momentáneamente hacia el peliblanco, quien se sorprendió, soltando la malteada que estaba bebiendo, ¿En verdad lo miraba a él? ¿O se trataba de su imaginación?
Pero como llegó se fue, pues después de la vista dedicada a Ryou, desapareció entre los espesos árboles del parque de enfrente.
Aun asombrado, el dueño de la Sortija Milenaria volteó a ver a la demás gente, esperando ver las mismas reacciones en sus rostros que las de él… Pero seguían como si nada, platicando, riendo y comiendo, al parecer no habían notado al intruso que pasó, o de seguro fue tan rápido que solo él lo pudo ver gracias a la Sortija… Su mañana perfecta se estaba tornando un poco rara.
Fuera lo que fuera, parecía de la estatura de un joven de su edad, pero… ¿Y si no era? ¿Y si se trataba de otro ser? La idea que cruzó por su mente le dio un escalofrío profundo, movió la cabeza a los lados enérgicamente mientras cerraba los ojos fuertemente, hasta que el habitual firme tono de voz que esperaba lo hizo reaccionar.
-¿Ryou? ¿Y ahora que sucede?
-¿Uh? ¡Ah! Hola Yami, Gomen, estaba pensando en algo- comentó riendo nervioso y sacando la lengua infantilmente, el de ojos violetas le sonrió y se sentó en la silla de en frente, Ryou miró ya detenidamente y se dio cuenta de que algo faltaba.
-¿Y Yugi?
-No ha podido venir. Está con Joey… Ha tenido una decaída por sus calificaciones, mas bien, sus padres lo regañaron…
-Ah, ya veo, bueno…
-¿Está mal? Si quieres podemos vernos en una ocasión cuando estemos los tres…
-No, no -dijo haciendo un gesto con las manos- está bien, también con tigo me la paso muy bien…
El Faraón le volvió a sonreír, Ryou sintió algo extraño, era la primera vez que sentía algo cálido en su cuerpo al ver esa sonrisa, se estiró un poco para despejar su mente, ese día estaba muy animado, y Yami lo notó.
-Se ve que has mejorado tu humor, me alegra- comentó sonriendo el dueño del Rompecabezas del Milenio mientras veía a Ryou dar un sorbo a su malteada.
-Sí, me ha ayudado mucho estar con mis amigos… Además… Bakura ya no ha vuelto a tocarme o insultarme… Es raro, pero feliz- comentó esbozando una sonrisa, el Faraón, sin embargo, lo miró seriamente.
-¿No te ha hecho nada? Es raro…
-¿Por qué lo dices?- preguntó extrañado Ryou, mientras fruncía el ceño.
-No, nada, olvídalo… Es mejor así, te ves mucho mejor, no recuerdo haberte visto tan animado- comentó mientras veía el paisaje fuera del restaurante.
-Sí… -respondió dando un largo suspiro, luego, recordó lo que hace unos momentos había visto… Lo conveniente sería preguntarle a su acompañante.
-¿Y ahora en qué piensas?- preguntó atentamente el chico de ojos violetas al ver al albino con cara de extrañeza.
-Bueno… Lo que pasa es que… Vi algo raro antes de que vinieras -el Faraón arqueó una ceja- y creo que nadie más lo vio.
-¿Si? ¿Y que era?
-Era… Una especie de ser con capucha y gabardina negra, corría a una velocidad impresionante, y por una fracción de segundo, pareció que volteó a verme, me asombré mucho, parece que huía de alguien o algo, cuando desapareció, volteé a ver a la demás gente, pero no notaron su presencia, se me hizo raro, aunque creo que lo vi gracias a mi Sortija del Milenio, ¿Tú qué piensas?
Pero Yami estaba igual de desconcertado que Ryou ante la narración, había bajado su mirada, parecía que observaba detenidamente la mesa, pero en realidad su mirada se hallaba perdida, y solo se encontraba meditando la situación.
-Pues… Si nadie más lo vio, y si iba a una velocidad muy impresionante, no creo que haya sido un humano, de otro modo, sería la única explicación coherente que yo le veo al asunto- finalizó frunciendo la boca.
…
Yami iba teniendo cada vez más posibilidades con Ryou, a medida que el tiempo avanzaba, el peliblanco le iba adquiriendo un cariño muy peculiar, cosa que no pasaba desapercibida por el de ojos violetas, lo quería mucho, lo amaba, y, pronto, lo tendría solo para él… Sería cosa de esperar…
La charla del día había finalizado y ahora Ryou se dirigía a casa, era muy temprano aun, pero ya no tenía a que salir… Aunque rechazar la brillante idea de dar una vuelta por las tiendas comerciales no le fue despreciada del todo, después de todo, su contraparte no llegaría aun, tendría tiempo para ver algo agradable.
Distraerse un poco le vendría bien. Entró a una de las tiendas comerciales más cercanas, había cientos de cosas lindas, desde ropa, hasta los preciosos libros que le agradaban leer.
Comenzó por lo práctico, unas nuevas prendas no le vendrían mal, si se despejaba un poco, olvidaría a Bakura y… A Yami. Últimamente había estado pensando mucho en él, lo había apoyado mucho, incluso más que Yugi o sus otros amigos, eso le daba cierta inquietud, que también él había empezado a sentir en cuanto al otro.
Dejó las prendas en su lugar. Algo había llamado su atención. En uno de los aparadores del departamento cercano, se encontraba un objeto muy singular, guardado minuciosamente en una caja de cristal; se trataba de una daga muy llamativa.
Tenía dos gemas rojas incrustadas a los costados, forrada en cuero negro, la daga estaba recién pulida, se veía muy amenazante a la vista.
El albino se acercó casi hipnotizado por aquél objeto; tal vez el hecho de convivir tanto con Bakura lo había llevado al extremo de que ahora compartían algunos gustos.
¿Le gustaría de regalo a Bakura? Era verdaderamente hermosa, aunque no tuviese motivo para dársela, ya que no era algún día especial, y sobre todo, no se lo merecía, pero había algo en aquella daga, que lo incitaba a comprarla y obsequiársela.
Nada iba a perder.
Pidió la daga, a pesar de las ciertas miradas de confusión por parte de los empleados de la tienda, no era un chico que aparentaba querer ese objeto, pero no hubo sugerencias por parte de estos.
Ya con la daga en la bolsa de compras se dirigía a su hogar. No era lo único que había comprado, cientos de libros y ropa se destinaban a casa, el peliblanco no podía ir más feliz, sobretodo porque ahora no temía tanto que Bakura lo dañara.
…
Llegó a casa y dejó las cosas en su lugar. Aun no había rastros de Bakura. Acomodó sus pertenencias y se dedicó a cocinar la cena.
Pero el mencionado jamás apareció. A pesar de que era bueno que él no se cruzara en su camino, el que estuviera últimamente desaparecido era algo malo, algo debía tramar, Ryou estaba preocupado, sobre todo por la advertencia que su contraparte le había dado contra sus amigos, él mismo se había prometido no involucrar más gente, y ahora Yami y Yugi corrían el riesgo de ser víctimas de una de las tantas sádicas ideas de Bakura, a pesar de todo el bienestar que últimamente había recibido, Ryou se empezaba a angustiar en cuanto a esto. Suspiró pesadamente y dejó lavó su cena, al parecer, Bakura hoy no llegaría.
Era casi media noche, Ryou tenía guardada la daga que sería regalo para su contraparte, mas sin embargo, si algo malo tramaba, lo mejor era que la guardara, y, en el extremo de los casos, la tuviera que utilizar.
-No, no, no pienses eso- sacudió fuertemente su cabeza y cerró los ojos, no se podía permitir ese lujo de pensar ideas tontas.
-“Estúpido”.
El albino se asustó. La voz de Bakura había resonado en toda su mente. Intentó buscar en su habitación si se encontraba escondido observándolo en algún lugar, pero al parecer, solo se trataba de un mensaje a larga distancia.
-¿Qué estarás pensando?
Estaba seguro de que ese mensaje no había sido dirigido hacia él. Bakura aparentemente estaba discutiendo con alguien, y al parecer, sin éxito, la situación se tornaba más rara cada vez para el albino.