OSCURO SILENCIO

Capítulo 2: Simples Palabras

Eran las siete de la noche, apenas estaba empezando a oscurecer, tenía algo de nerviosismo, el parque donde sería el encuentro estaba frente a él, si su contraparte viera lo que estaba a punto de hacer, no sabría como le iría, con pasos lentos llegó hasta una banca, se sentó y miró a su alrededor, todo estaba tranquilo.

No tardó mucho en divisar a la persona que esperaba, venía caminando firmemente con dirección hacia él, su mirada era ligeramente distinta a la que siempre mostraba. Se detuvo frente a Ryou, el albino lo miró con algo de preocupación, mientras el otro solo se mostraba sereno, tomó asiento junto al peliblanco.

-Hola –saludó tímidamente el albino.

-Hola- le contestó firmemente y a la vez suave el otro chico- ¿Para qué querías que viniera?- comentó tranquilamente.

-Ah, sí, es que… Necesito pedirte un favor- comenzó con voz preocupada, Yami lo miró con el ceño fruncido.

-Dime.

-Sobre… La charla de la otra vez, cuando te conté de… De lo que me ocurría con Bakura… Tú… Bueno, yo…- el nerviosismo empezaba a invadir a Ryou, era difícil entenderle si solo balbuceaba… El Faraón lo miró preocupado.

-¿Te hizo algo ese infeliz?

-Él…-Ryou no pudo evitar recordar lo que había ocurrido horas atrás, apretó los puños fuertemente y desvió la mirada, no quería empezar a llorar de nuevo, no otra vez, y menos en frente del Faraón.

-Ryou… Cuéntame… ¿Qué es lo que te hizo Bakura?- la voz que Yami usaba tranquilizaba ligeramente al albino, pero este seguía sin dirigir palabra alguna, aun con la mirada hacia otro lado.

Una fresca brisa rompió el incómodo silencio que se difundía por el parque, Yami miraba con preocupación a su acompañante, y a su vez, este seguía contemplando la fuente que estaba del otro lado.

-N-No puedo… Yo… No… -el llanto estalló en aquél momento, Ryou subió sus pies a la banca y abrazó sus piernas tratando de esconder su lamento tras estas, Yami lo miraba con una tristeza profunda, ¿Debía abrazarlo? No, esto despertaría más lo que siente por él, podría incluso hacer algo que siempre contenía al verlo, pero… ¿Entonces cómo podría hacer que se tranquilizara?

-Ryou… Lo lamento. Todo esto ha sido mi culpa.

El peliblanco lo miró confundido, había cesado su llanto momentáneamente, suspiró, le dolía un poco la cabeza.

-No es tu culpa, Yami- aquellas palabras sonaban tan dulces a oídos del Faraón, pero a la vez, tan dolidas, que por medio de ellas se daba cuenta del daño que su alma recibía por parte del ladrón.

-Sí lo es. Si no hubiera ido a decirle a ese tonto lo que pasaba, no te hubiera lastimado, me siento muy mal Ryou…

-Que no te afecte, fui yo el de la culpa, en primera jamás debí de haberte contado- el albino sobó sus brazos, el frío se empezaba a intensificar.

-¿Entonces… Te arrepientes? Debí imaginar que mi confianza no era suficiente…

-No, no es eso, sólo, siempre… Todo me sale mal- nuevamente el llanto se apoderó del peliblanco, aunque esta vez de una forma mas calmada, Yami lo observaba con inquietud, titubeó un poco antes de pasar su brazo izquierdo por los hombros de Ryou.

-No te pongas así, ambos sabemos que, en todo caso, el causante de todo esto es el tonto ladrón… -el cuerpo de Ryou dejó de temblar ante el calor que el cuerpo de Yami le propiciaba, tenía que reconocer que estar cerca del Faraón le brindaba paz, seguridad y tranquilidad.

-Pero… Yo lo liberé. No sabía que sería así… Solamente lo hice, y lo peor, es que, en cierto momento, llegué a enamorarme de él… -ahora la voz de Ryou sonaba acompasada y llena de frustración.

Yami lo miró consternado y asombrado ¿Acaso el pequeño se había enamorado de una bestia como Bakura? Era increíble, y sobre todo después de ver la manera de ser de Bakura, un poco de desilusión inundó su corazón.

-¿Y… Aún lo amas?- aquellas palabras habían salido sin que él las tuviera planeadas, su mente lo había traicionado, se mordió el labio inferior en señal de culpa.

-No lo sé… Es tan confuso, parece que él solo quiere herirme, y yo no puedo estar con una persona que no me quiere… Así que, bueno…- el dueño de la Sortija del Milenio inocentemente recargó su cabeza en el pecho del Faraón, éste, quedó atónito ante tal acto, sabía que Ryou no lo había hecho con otras intenciones que no fuera buscar apoyo… Pero era tan dulce la sensación de tener al pequeño ángel entre brazos, Yami lo abrazó más fuerte al notar, como por tercera vez, volvía a llorar…

-Ya, tranquilo, verás que encontraremos la forma de borrar la existencia de Bakura del mundo…

-Pero… Yo no quiero que muera, todos tienen derecho de vivir, aunque hayan sido muy malos… Solo quiero que sea bueno…

¿Había palabras más dulces y tiernas? Definitivamente Ryou era un pequeño e inocente niño… Yami lo miraba con ternura, mientras el otro permanecía cabizbajo, recargado en su pecho, “Ojalá este momento durara para siempre. Pero no puedo aprovecharme de él en esta situación…”

-Entonces, veremos la forma en que pueda controlarse, lo prometo- las palabras de Yami sonaron sinceras y dulces, Ryou lo miró, sus expresivos ojos habían vuelto a aparecer, dejando ver su hermoso y brillante color caoba, y la más linda de las sonrisas surcando su rostro.

-¿Me ayudarás? ¿A pesar de todos los inconvenientes por los que te he hecho pasar?

-¿Inconvenientes? Ninguna molestia me representa tu presencia Ryou, me siento tranquilo de saber que me tienes confianza.

-¡Gracias! ¡Muchas gracias Yami! De verdad gracias… -Ryou abrazó tiernamente a Yami, esta vez empezaron a salir lágrimas de felicidad de su rostro, el Faraón lo miró con dulzura, mientras asentía con la cabeza.

Pero no fue si no hasta el abrazo, que las mangas del suéter de Ryou dejaron ver sus brazos, y en estos, a su vez, marcas moradas y rojas, que inevitablemente llamaron la atención del Faraón.

-Ryou… ¿Qué…?- el de ojos violeta tomó el brazo del albino, subiendo despacio la manga del suéter, y comprobando, con horror, las muchas marcas que había en su brazo, y que evidentemente, seguían.

-Yo…- Ryou estaba muy nervioso y apenado, se había puesto un suéter justamente para que sus marcas no se notaran.

-¿Entonces te golpeó?

-Sí, bueno…-no le contaría que no solo lo golpeó, si no que también había abusado de él… Era algo que simplemente aborrecía recordar…

-¿Y pretendes defenderlo sabiendo que te hace esto?

-No, sólo no quiero involucrar a más personas y que terminen mal por mi culpa, temo que te haga daño, Yami.

El de ojos violáceos parpadeó varias veces, ¿Acaso Ryou si sentiría algo por él? En estos momentos era muy difícil saberlo, tal vez solo se lo decía como amigo, de todos modos lo primordial era protegerlo de ese ladrón, y cumplir la promesa que le hizo, la promesa que le recordó algo.

-Ryou… ¿Recuerdas lo que te dije?

-¿Sobre qué?- preguntó atento el peliblanco.

-De que todos tenemos un ángel guardián… Se que sonará metafórico… Pero, puedes contar con migo para lo que sea, no estoy diciendo que sea tu ángel guardián, solo que te puedo apoyar y ayudar cuando me lo pidas… Así que cada vez que Bakura te lastime, puedes hablar a casa de Yugi y venir con nosotros… Claro, sin que él lo sepa.

-¿Estás seguro? ¿No sería molestia para Yugi?

-No. Sabes que Yugi haría cualquier cosa por sus amigos, así que creo que no habrá ningún inconveniente.

-Gracias Yami. Eres un gran amigo. De verdad- ambos permanecieron en silencio, viéndose fijamente, el Faraón comenzaba a ponerse nervioso, mientras Ryou solo lo miraba serenamente…

-De nada. Creo que ya es un poco tarde- cambió el tema rápidamente para romper el contacto visual con el dueño de la Sortija del Milenio, sabía que éste sólo lo veía como un amigo.

-Sí, si Bakura llega y no estoy… Mejor me apresuro- comentó mientras reía nervioso.

-Bien. Te veré después.

Dicho esto Ryou se despidió haciendo un gesto con la mano, mismo que repitió su amigo… La noche estaba tranquila, a veces el viento acompañaba a Ryou al caminar a casa, haber platicado con Yami le había hecho bien, últimamente podría decirse que convivía más con él que con Yugi, pero francamente disfrutaba de los ratos con su amigo…

Sólo esperaba que al llegar a casa no estuviera su contraparte, sabía que si no lo encontraba para cuando llegara le iría peor, incluso podría pasar lo de hace unas horas; Ryou apresuró el paso al recordar, se volvería a ver con Yami.

Algo tenían que hacer, no estaba dispuesto a presenciar una muerte, por más dolorosa que fuera su situación, todos merecían una oportunidad para vivir.

siguiente