OSCURO SILENCIO

Capítulo 1: No hay calidez

Nuevamente se encontraba en aquella situación. Llorar era algo ya cotidiano, algo que había pasado a formar parte de su vida, y no se imaginaba, cómo es que aun le quedaban lágrimas después de tanto.

Ahí estaba, en su habitación, en un rincón, abrazando sus piernas, y su cabeza hundida en estas, la cama deshecha salvajemente, su cuerpo sin prenda alguna, se sentía sucio, muy sucio, deseaba quitarse la vida en ese momento.

Por su blanco cabello escurría sudor, al igual que por su piel, mezclándose con las lágrimas, resultados salados que a veces llegaban a su boca, era el ser más desdichado de la tierra, creyó y abrió su corazón a una persona que el pensó que lo amaría, y que sólo lo utilizó, para sus tontos planes nefastos, y después, lo botó, como si fuese un trapo viejo que sólo sería sacado de su lugar cuando el dueño lo fuera a ocupar.

¿Dueño?

Sí, eso era lo que el tenía, tenía dueño, amo, alguien a quien debía de obedecer a pesar de que fuera contra sus sentimientos, si no, el castigo sería mayor.

Se limpió las lágrimas que aun seguían cayendo por sus mejillas, ¿Cuánto tiempo llevaba ya llorando? Debía ser como una hora, hace una hora, había sido tratado de la manera mas cruel por un ser que una vez amó, con toda su fe, y que ahora, lo había abandonado tras un muy mal trato.

Lentamente se incorporó, tembló un poco, estaba muy débil, sus piernas le dolían, sangraba entre ellas, su espalda estaba destrozada, cayó sin fuerzas en la cama, estaba sucia, aquellas sábanas le recordaron las imágenes que pretendía borrar, las tenía muy frescas, jamás creyó que llegara a tanto, se conformaría solo con golpes y malas palabras, pero jamás a eso.

Tomó despacio la ropa de la que había sido despojado tan salvajemente y la miró. Mas lágrimas empezaron a caer por su rostro. Estaba rota, tendría que encontrar otra, pero ¿Qué caso tenía? Si ese monstruo deseara seguir lo que había hecho hoy, pronto no le quedaría prenda alguna.

Caminó despacio, apoyándose de la pared hasta el baño, sabía que eso no lo limpiaría sicológicamente, solo físicamente, se sentía muy mal, habían destrozado su alma por completo. Abrió los grifos de la tina y se sentó pesadamente en el suelo, estaba frío, pero no le importaba, ya no podría cuidar su cuerpo de alguna enfermedad, estaba mas que deshecho.

Suspiró, le dolía también el pecho, miró hacia abajo y pudo percatarse de los rasguños y mordidas que había en su blanca piel, seguía sangrando. Volvió a llorar inevitablemente, no podía gritar, se había quedado sin voz, lo había hecho antes, había suplicado, rogado, implorado, y nada había logrado, solo quedar más lastimado.

Colocó su mano en la tina para comprobar la temperatura, estaba a buen estado, se incorporó débilmente y se metió en ella.

Miró el techo, no lo comprendía, ¿Por qué lo había tratado así? Él no le había hecho nada malo, siempre lo había tratado con respeto, y jamás llegó a imaginar que le hiciera algo así, su propia alma… Su otro ser, alguien quien debía protegerlo, no lastimarlo.

Tomó el jabón y empezó a frotarlo en una esponja, para después pasarlo a su adolorida piel, dolía, dolía mucho, solo podía quejarse débilmente, mientras recordaba, por qué había hecho eso.

° Flash back °

Había terminado de hacer su tarea, él aun no llegaba, tendría tiempo de hacer su quehacer doméstico, empezó con la cocina, había lavado platos, limpiado los artefactos de cocina y trapeado, estaba por terminar, cuando el singular ruido de una puerta al azotarse violentamente lo había distraído, ya había llegado, y al parecer, de mal humor, lo mejor era quedarse ahí y no atravesarse en su camino, si no quería ser golpeado u ofendido.

Los pasos retumbaron por toda la casa, el chico estaba temblando ligeramente, cuando los pasos cesaron, pensó que todo había acabado, que el otro se encerraría en su habitación y no saldría hasta noche.

Pero no fue así.

-Ryou…

Se sobresaltó al oír su nombre casi en un susurro, al dar la vuelta, él estaba ahí, recargado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados, mirándolo fijamente.

-¿Sí?- preguntó tímidamente. -¿Ves que tengo aquí?- aquél ser tan semejante al peliblanco mostró su mejilla, dejando ver un pequeño moretón que sobresalía por su blanca piel, el albino menor lo miró confundido, no sabía que trataba de decirle, pero tenía que ser paciente.

-Sí señor.

-¿Y sabes por qué la tengo?

-No señor.

Aquél ser, de oscura mirada, dio una fuerte bofetada al otro, haciéndolo caer al piso por la fuerza aplicada, el menor lo miró confundido, con los ojos empezando a brillar al contener lágrimas, su mejilla roja, y más abajo, en su boca, un pequeño hilo de sangre que empezaba a escurrir.

-Se-Señor… ¿P-Por qué…?

-¿Sabes por qué?- su tono comenzaba a alzarse, lo había provocado, pero no había hecho nada malo, trató de contener más las lágrimas que amenazaban por salir.

Ryou negó con la cabeza, sobándose la mejilla donde había recibido el golpe. El mayor lo miró con desprecio.

-El estúpido del Faraón me golpeó ¿Y sabes por qué? Porque me dijo que ALGUIEN le había comentado que yo te maltrataba, fue de sorpresa, así que no pude reaccionar, pero el punto es que quiero saber quien se lo dijo… No creo que a parte de ti y de mi alguien más sepa de nuestra “Relación” ¿O si?

Ryou no habló, solo bajó la cabeza, había sido un estúpido, él le había contado a Yami acerca de los tratos con Bakura, pero jamás le pidió que no dijera nada, y menos que amenazara a su contraparte.

-¿Así que le dijiste?- el tono burlón de el mayor hacía que los ojos de Ryou soltaran las primeras lágrimas, seguía sin hablar, incluso sin levantar la mirada, el espíritu se estaba impacientando.

-¡¡Mírame a los ojos cuando te hable!! ¡¿Le dijiste, verdad?!- el espíritu tomó a Ryou por los cabellos y lo obligó a levantarse, haciendo que este emitiera un sonido de dolor por la acción cometida.

-Bakura… Por favor no me pegue- comentó entre débiles gemidos y lloriqueos, lo que enfadó más al espíritu de la Sortija, odiaba ese comportamiento tan débil por parte de su Hikari.

-¡Cállate! ¡No te he dado permiso de hablar!- dijo mientras le daba un puñetazo en el estómago, Ryou perdió fuerzas por el impacto, pensó que caería al piso, pero Bakura lo seguía sosteniendo.

-Eres un insolente, pareces un niño tonto buscando refugio en otros, pero tendrás que escarmentar, tu y tus patéticos amigos.

-¡Con mis amigos no se meta!- acción equivocada, se había enojado, pero no estuvo nada bien habérsele revelado a su contraparte, en sus ojos se veía la furia incontenible, pero ante la reacción que Ryou esperaba, el espíritu se limitó a reír.

-¡Qué patético!- comentó entre carcajadas- Pues ahora tendré que enseñarte por las malas.

Ryou palideció, no se notaba mucho por su color, pero si se pudo distinguir como sus grandes y expresivos ojos se tornaron opacos y asustados, el espíritu volvió a reír ante la acción de su Hikari.

Lo tomó del cuello de la camisa y lo jaló hasta el segundo piso, el albino no entendía que era lo que pasaba por la mente de Bakura, si iba a golpearlo, pudo haberlo hecho en la cocina, pero no tendría por qué haber subido.

-¿Se-Señor… Qué…?

-¡Cállate!

Llegaron hasta la habitación del albino, donde fue aventado hacia adentro bruscamente, después entró Bakura, cerrando la puerta, Ryou tenía mucho miedo, no sabría lo que haría su contraparte, pero fuera lo que fuera que planeara, no sería nada bueno.

-Así aprenderás a quedarte callado- dijo el espíritu aventándolo hacia la cama, mientras se quitaba la ropa y comenzaba a besarlo fuertemente.

° End Flash Back °

Lo demás no quería recordar, era demasiado para su frágil mente, revivir lo que hace un par de horas había pasado lo aterraba, cerró los ojos fuertemente y se hundió más en la tina, quería protegerse, huir, estar lejos de aquella persona, que tanto le había arruinado la vida, no merecía esto, el acto pasado había sido la gota que derramó el vaso en la paciencia del pequeño peliblanco.

Sabía que si intentaba escapar, el espíritu lo rastrearía con la Sortija del Milenio y sería peor para él, el agua caliente lo relajaba un poco, necesitaba ayuda, alguien que le diera un consejo, pero no podía involucrar a alguien más, pues entonces, Bakura no solo acabaría con él, si no con todos… Aunque acabar con su existencia no estaría tan mal, dejaría de sufrir, aquella idea llegaba a planteársele desde hacía ya varios meses.

Por ahora bastaría con Salir a pasear cuando el espíritu saliera. Las lagrimas habían cesado, los ojos le ardían mucho, aun se sentía cansado, adolorido, pero limpio por fuera, suspiró pesadamente, si pudiera regresar el tiempo, jamás hubiera invocado al espíritu al colocarse la Sortija Milenaria, pero él no sabía de eso, si no, no lo hubiera traído a este mundo.

Salió de la tina con cuidado, colocó una toalla alrededor de su cintura y otra en su cabello, caminó hasta su closet y sacó ropa limpia, le era indiferente combinarla, se sentó en el suelo y comenzó a cambiarse, no podía en la cama, estaba demasiado sucia.

Al terminar caminó despacio hacia la puerta para dirigirse al cuarto de lavado por sábanas limpias, pero se detuvo al sentir como pisaba algo que crujió, se agachó y pudo notar que a sus pies, su carta favorita lo observaba, Cambio de Corazón.

La tomó con cuidado y la miró con detenimiento… “¿Por qué no puede estar Bakura de mi lado, aunque sea un momento? Si fueras real, te utilizaría” Luego recordó algo que Yami le había dicho la última vez que lo había visto…

“Todos tenemos un Ángel Guardián”

“¿Es cierto?” Se preguntó para sí, últimamente había llegado a apreciar mucho al Faraón, él se había portado muy abiertamente con él, y no sabía por qué, pero se sentía bien sabiendo que había alguien con quien contar.

Un amigo… Tal vez… Debería hablar con él… Tenía que intentarlo…

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