Capítulo 5: Dos Recuerdos.
Seul pateó por quinta vez la puerta del armario de su cuarto que ahora amenazaba con romperse, pero a él parecía no importarle, no podía dejar de emitir gruñidos mientras la golpeaba, y es que a decir verdad, tenía ya mucho tiempo desde la última vez que se había enojado de esa manera, y lo que más le dolía, era que una persona lo mantenía así.
Edoardo …
-¿Qué diablos te pasa?- preguntó, como si el doctor estuviese frente a él- no entiendo, no entiendo nada- y volvió a dar un golpe al armario, esta vez el punzante dolor lo detuvo y lo hizo resbalar y caer sentado, mientras seguía con su rabieta.
El personal de la casa temía si quiera acercarse a tocar la puerta, a pesar de que oían todo ese estruendo preferían decir “se rompió otro armario” a “el joven Seul se fue de la casa”. Y como siempre, sus padres no estaban, pero él ya estaba harto, todo mundo de ahora en adelante sería ajeno a su vida.
Mientras seguía sentado en el piso, no pudo evitar que Edoardo regresara a su mente.
Había estado actuando tan estúpidamente. Todo comenzó dos semanas antes, justo cuando Seul pensaba que las cosas marcharían bien. Cuando Edoardo descubrió su número privado.
… Recuerdo …
Seul se había levantado de buen humor, prendió su celular y se metió al baño a cepillarse los dientes, impaciente, por la cita de las 2:00 con Edoardo, esa extraña costumbre de que se le revolviera el estómago sólo de pensar en él se le había hecho de lo más normal, casi sentía que si no estaba presente aquella molestia, algo andaba mal, aunque no sabía a qué se debía el que se sintiera así, le daba igual, al parecer, muy en el fondo, consideraba a Edoardo su amigo.
Todo había transcurrido con normalidad en el día, y cuando faltaban escasos veinte minutos para hora, Seul ya iba rumbo al consultorio, había decidido llevar su viejo celular para mostrárselo a Edoardo, y discutir algunas cosas acerca de su plática la noche pasada.
Pero Edoardo no lo atendió.
Seul esperó impaciente en el sillón, pensando que tal vez el paciente de la cita anterior se había emocionado desahogando su vida y tal vez ahora estuviera en el clímax de ella, rió un poco para sí, debía ser pesado aquel trabajo. Mas sin embargo Edoardo le canceló la cita, y ni siquiera se lo dijo personalmente a él, cuando su secretaria le había comentado por quinta vez que tenía un paciente esperándolo, él sólo se había limitado a decirle que no podría atenderlo ese día.
El pelinegro trató de ser paciente, tal vez tenía mucho trabajo.
-Supongo que hoy no se podrá- dijo cabizbajo, apretando el celular antiguo.
Esa misma noche, trató de contactarlo, pero no respondió, incluso intentó llamar una vez, consiguiendo que sólo lo mandara al buzón; podría estar enfermo, y no querría contagiarlo, pero aun así ¿Por teléfono?
Y los días transcurrieron, Edoardo canceló todas sus citas, ya no le marcaba y pareciera que se hubieran ido a vivir a mundos separados. Seul estaba consternado, enojado, pero más que eso, dolido.
… fin del recuerdo …
Seul respiró más profundo, mientras comenzó a sentir ahora sí en serio el dolor que le había causado el golpear la puerta del armario. Se sobó lentamente, y recargó su cabeza sobre la puerta.
-Es mejor así, me estaba quebrantando, exponiendo … Debería de cancelar ya las consultas, sólo debo pedirle el certificado que apruebe que asistí a todas las sesiones y que ahora me encuentro bien- dijo, mientras reía con ironía, ¿Bien? ¿Cuándo había estado bien?
En ese momento sonó su celular, alguna chispa que estuviese oculta en él, pareció despertar, porque mecánicamente te levantó y contestó.
-¿Seul? ¿Estás bien?
-¿Quién …?- dijo con la vista perdida, al percatarse que no era él.
-Estás más grave de lo que pensaba, soy Alex, oye, en menos de una semana entramos a clases, y … Pues como ya luego no vamos a tener tiempo, y como … Has ido a tus sesiones y me imagino que te has de aburrir … Y como esa vez te dejé botado en el concierto, y … y …
-¿Y?- dijo aun inmerso en sus pensamientos.
-Quería ver si salimos, porque estoy preocupado por ti- Seul comenzó a reaccionar, ¿Preocupado por él? ¿Alguien se preocupaba? ¿A alguien le interesaba?
-Digo, si no tienes molestia alguna, su alteza- Alex trató de enmendar la situación ante el eminente silencio de Seul, pero no podía ocultar cierto tono de nerviosismo; Seul respiró hondo, más relajado.
-Sí, claro.
-Bueno, nos vemos en tu café favorito, el que está en la plaza central, a las siete ¿Te parece?
-Sí, pero no entiendo …
-¿Qué cosa?
-Qué le pasó a mi amigo Alex, el no suele ser así de cursi.
-¡¡Seul!!- comentó indignado el otro, mientras el pelinegro reía a carcajadas, la verdad, su amigo lo hacía sentir mejor- así me pagas mi humilde preocupación, está bien, qué desconsiderado, pero qué más podía anhelar ¿No?
-Ya, ya, no sea que luego me vayas a querer pedir el divorcio- comentó en broma, mas Alex quedó mudo- está bien, en mi café a las siete- finalizó Seul.
-De acuerdo.
…
-Seul- murmuró Edoardo, mientras observaba el cielo gris- hoy va a llover, te gusta la lluvia ¿No?- pero nadie respondió, el castaño suspiró, un dejo de tristeza se reflejó en su mirada- lo siento mucho.
-¿Con quien hablabas?- Edoardo volteó a ver con la misma expresión, ante él, estaba una chica, con el cabello y ojos castaños y piel morena, la misma mirada de Seul …
-Con nadie, pensaba para mí- dijo esbozando una sonrisa.
-Mmm- analizó la muchacha, mientras cruzaba la sala del departamento de Edoardo con 2 tazas de té; el departamento del castaño era sobrio en cuanto al diseño, los sillones eran de piel en color negro y las paredes blancas, los muebles en caoba color natural y tenía un ventanal grande, con unas cortinas cubriéndolo- de tanto analizar pacientes te estás volviendo uno de ellos, te deberías dar un descanso.
-Sí, lo sé- comentó amablemente, tomando la taza de té que le ofrecían- oye, Karina, no entiendo ¿Por qué volviste?
La chica ladeó la cabeza, mientras apretaba la taza de té que estaba a punto de tomar.
-Supongo que los recuerdos siempre me invaden, extrañaba este lugar, en especial a sus habitantes- dijo mirando fijamente al castaño.
-Sí, me imagino, pero tan de pronto, cinco años después, es una sorpresa para cualquiera, pensé que harías tu vida a parte, que empezarías desde cero cuando …
-Está bien- le interrumpió- es de humanos equivocarse, aun no creo estar lo suficientemente preparada como para salir al exterior para siempre, necesito aun esa protección, la que tú me dabas, Edoardo.
El doctor agachó la mirada, esa situación le era muy difícil, sabía que todos en el fondo estaban sufriendo, dio un sorbo a su taza y volteó a ver el cielo gris, suspirando nuevamente.
-Oye ¿Quieres salir?
-¿Con este clima?
-Así apetece mejor una buena taza de chocolate.
-Supongo.
…
Seul se encontraba camino al encuentro con su amigo, un poco más relajado, a decir verdad, no sabía la razón del que Edoardo apareciera tanto en su cabeza, si seguía así, terminaría por absorberle la mente.
-Aquí déjame- indicó al chofer, este asintió y estacionó el auto. El pelinegro bajó y no tardó en reconocer a su amigo, lo esperaba con una sonrisa; si bien, Alex era un muchacho común, tenía una sonrisa amable, y una manera muy amena de ser, que incluso controlaba a veces al mismo Seul; su cabello rubio y los ojos castaños terminaban de dibujar el cálido rostro de su amigo.
-“No sólo lo tengo a él, también tengo a Alex”- pensó.
-¿Cómo estás?- preguntó el rubio, una vez que se hubo sentado Seul.
-Bien, siempre lo he estado- contestó el otro, tratando de sonar lo más neutral posible, mientras leía el menú.
-No seas tonto, como si no me diera cuenta, estas últimas semanas has estado distante, hasta el día de hoy no habías querido tomar mi llamada.
-Mmm supongo entonces, que es una etapa de crisis existencial, tal vez me quiera suicidar- comentó Seul de manera calmada, mientras ordenaban, Alex sonrió, así era él, siempre haciéndose el fuerte.
-Sí, supongo que para una mente tan inocente como la tuya, debe ser difícil pensar en un método para suicidarse …
-Jaja, cállate, cabezota- realmente se estaba sintiendo bien en ese momento, estaba volviendo a su vida anterior.
-Pero al menos así das más gracia, porque con la cara de demacrado que tenías, la verdad cualquiera se asustaría- dijo Alex, dando un sorbo a su capuchino.
-¿Gracia? ¿Pues que soy un animal para causar tal sentimiento?
-No es eso, ya sabes que no soy muy bueno para expresarme- le respondió el rubio, quien se limitó a hacer una mueca- no todos tenemos sus conocimientos, su alteza.
-Lo sé, lo sé- comentó disfrutando aquellas palabras- pero no me digas “su alteza”, basta con que se observe para reconocer la superioridad, además …
-¿Qué pasa?- Alex dejó de sonreír, Seul había enmudecido y miraba fijamente hacia un punto, su amigo decidió voltear.
-¿No es ese tu doctor? ¿Y esa quién es, su novia?
“¿Su novia?”
Edoardo, quien no había notado la presencia del pelinegro, sintió una mirada en su nuca, que lo obligó a voltear. Y ahí estaba, el motivo por el cual había estado sufriendo, el pelinegro que había despertado en él un extraño sentimiento.
“¿Qué haces aquí?”
¿Le quería arruinar el momento? Porque si ese era su plan, lo estaba haciendo, él estaba olvidándolo, ya ni siquiera pasaba por su mente, y tenía que aparecer para hacer resurgir ese sentimiento de frustración. Otra vez su estómago se empezaba a revolver, y no pudo evitar ver a su acompañante, una linda chica.
La cuestión era … Irse o quedarse … No podría soportar estar en el mismo lugar que Edoardo sin que tuviesen una plática, porque tenía ganas de levantarse, ir hacia él y golpearlo, por todo lo que le había hecho, por todas aquellas palabras bonitas que ahora caían en contradicción, por desgarrar su muro protector y dejarlo expuesto, y por ocupar él toda su mente.
Alex notó la tensión y tomó la mano de Seul por puro instinto, haciendo que el otro volteara, y sin querer, que Edoardo frunciera el ceño.
-¿Es cómodo aquí? ¿Quieres que nos vayamos?
-No- contestó fríamente, no podía, su orgullo le decía que no, después de todo, ellos habían llegado primero, y ese era el lugar favorito del pelinegro. Dispuesto a olvidarlo, miró a su amigo Alex fijamente y apretó más la mano que este le había tomado.
-La verdad es que no sé que tengo últimamente, pero estoy tratando de superarlo, como todo en la vida.
Edoardo no sabía lo que hacía, pero se dirigió y se sentó cerca de la mesa de Seul, de manera que ambos se pudiesen ver directamente sin que sus acompañantes lo notaran.
Seul se limitó a fruncir el ceño.
“Con que lo quieres hacer del modo difícil, Edoardo.”
-¿A quién ves?- preguntó Karina, mientras observaba el semblante serio del castaño.
-Parece que vi una cara familiar, es todo.
-Pensé que era un conocido tuyo.
-No- Seul escuchó esto y no pudo evitar arder en coraje, ¿Cómo lo podía negar? Es decir, ellos no eran nada, pero al menos decirle que era su paciente no le quitaba nada.
-Sí, creo que tienes razón, Alex- comenzó Seul, elevando el tono de voz, para que él pudiera oírle- ya me siento mucho mejor, y totalmente pleno para entrar a la escuela, después de todo ya descansé un ciclo escolar, y como dicen año nuevo, vida nueva.
Su amigo frunció el ceño, había un ambiente tenso en torno a esos dos, y comenzó a comprender la situación, pero se limitó a guardar silencio.
-Qué bueno es tenerte por aquí, Karina, tanto tiempo lejos puede al final unir a las personas más ¿No?- siguió Edoardo, no perdería esta guerra, no podía ser el que más sufriera.
-Sí, creo- le respondió la muchacha, que tenía el ceño fruncido.
-¡Pero bueno! Igual aunque uno trate de empezar con el pie derecho, siempre sale aquella piedra en el camino que lo hace cambiar de pie- se jactó Seul, Alex sólo miraba impávido la escena que estaba comenzando, todos estaban comenzando a oír las pláticas.
-Extrañaba las pláticas con tigo, todas las que he tenido recientemente han sido una pérdida de tiempo, que bueno que te tengo aquí.
Eso había sido todo. ¿Obsoletas? ¡¿Sus pláticas?! ¿O sea que la realidad era que Edoardo no le había prestado atención a Seul? El pelinegro apretó los dientes y se puso rojo de coraje, Alex sabía que era tiempo de frenar esto.
-¿Sesiones?- dijo, tratando de sonar relajado, aunque estaba hirviendo de rabia- son pura estupidez, creerás, terminé desquiciando al tipo, igual que a todos, si supieras lo que me ha contado ¡Ja! No terminaría de reírte, es una vil porquería su vida.
-Seul, yo … - comenzó Alex.
Edoardo estaba tan enojado que juraría que podría pararse en ese momento y golpear a Seul por lo que acababa de decir ¿Cómo habían llegado a eso? Él tenía la culpa, él y nadie más, y siendo adulto, debería comportarse como tal, pero es que Seul lo hacía sufrir, cuando él solo quería lo mejor para el menor.
Karina lo observó detenidamente, mientras él mantenía su vista ligeramente en otra dirección.
-¿Me quieres aun?
-Sí- le dijo sin pensar Edoardo, pues su mente estaba fija en unos ojos mieles que destilaban el mismo enojo que los suyos.
Y sin más preámbulos, la muchacha se levantó un poco y lo besó. Hasta entonces Edoardo reaccionó y cayó en cuenta del error que había cometido, para cuando reaccionó y la alejó de él, Seul pedía la cuenta mientras se colocaba su chaqueta.
“¡No es lo que piensas!”- pensó, pero ¿Cómo le iba a decir eso a él? ¿Por qué tenía ganas de correr y decirle que estaba en un error? Ella no significaba nada para él, ¿Por qué? No quería que Seul se fuera, no, quería que Seul estuviese ahí, con él, como siempre.
Su cuerpo vacilaba entre pararse o no, mientras veía lentamente pasar a escena de un Seul siendo acompañado por un chico rubio que lo tomaba de los hombros para tranquilizarlo, mientras se marchaban.
“Lo siento, de verdad que sí, Seul, no te vayas, no te alejes de mí …”
…
Esta había sido la peor noche de su vida, cuando creyó que las cosas irían mejor, que podrían comenzar de una manera positiva, ¿Por qué demonios no podía simplemente sacarse de la cabeza a Edoardo? ¿Por qué le daba tanto coraje? Estaba frustrado, con ganas de llorar y con un sentimiento que le oprimía el pecho y le dificultaba respirar.
-Seul …
-Me voy, gracias por todo …
-Seul …
-Te marco mañana- Alex de pronto abrazó fuertemente a Seul y lo obligó a mirarlo a los ojos, el pelinegro quedó pasmado.
-Eres mi amigo, tú siempre has hecho mucho por mí, no importa que digas que son cosas sin importancia, para mí todo tiene importancia, no quiero verte en ese estado, estás desperdiciando tu vida, y creo que aquella persona te ha hecho daño, si es así, permíteme encargarme de que no vuelva a tocarte, por favor.
Alex no dejaba de mirarlo fijamente, Seul estaba pasmado, ¿Vengarse? ¿Era eso lo que quería? ¿Por qué Alex se comportaba así tan de pronto? ¿Por qué …?
De pronto, había empezado a llover...
Continuará...
N/A: Exactamente se cumplen ya 2 años desde que actualicé el último capítulo de Seul, la verdad, uno de mis objetivos, es terminar todos mis fanfics, así que, con su apoyo, sigo adelante. Quisiera que compararan éste capítulo con los anteriores, creo que mi modo de escribir y de pensar es diferente, digo, leyendo ahora todo, resulta que la relación entre Seul y Edoardo se iba a dar muy fácil, hay que meterle drama X), así que, además de que los capítulos serán más largos (como ya lo notaron XD), también describiré mejor a los personajes y sus emociones, para que este lindo Shonen-Ai quede mejor; ya saben, cualquier comentario constructivo es bien recibido ;).