SEUL

Capítulo 4: Antítesis.

Seul llegó a su casa a eso de las 8. Sus padres no estaban y no sabían de su salida, así que seguramente el personal de su casa sería el que estuviera preocupado.
Trataba de ocultar la irremediable sonrisa que no dejaba su rostro, aun cuando estaba frente a Edoardo, sonreía, levemente, tratando de permanecer serio, no quería transformarse en otra persona.
Esa noche había ocurrido algo, algo que lo había dejado consternado, por más de ser irascible, parecía confortable, Edoardo había hecho una declaración, y aparentemente era confusa a propósito, como para que Seul no entendiera, pero sabía bien que Seul era lo suficientemente inteligente como para descifrar tan simple frase.
Llegó a su habitación gracias a los instintos de su cuerpo, pues de verdad que sus cavilaciones eran grandes en ese momento. Se tiró en su gran cama y miró el techo.
-¿Qué es esto, Edoardo? ¿Una técnica novedosa para domar animales salvajes?... Llamados normalmente pacientes rebeldes- Seul cerró sus ojos y sonrió, su cuarto era el único lugar seguro donde siempre podía desquitar sus frustraciones.
Miró el reloj-despertador en el buró y se dio cuenta que era tarde, al menos para sus horas de salida, ni siquiera se percató las palabras que oyó de su mayordomo y demás personal, no quitaba los pensamientos de su mente.
*No, Seul, no seas estúpido ¿En qué rayos piensas que te tiene así? Él no está bien, es un tonto que está aprovechando todo el dinero de mamá. Tiene una especie de estrategia que desgarra desde el fondo.*
Seul se apretó el estómago.
*Es hambre. No. Acabé de cenar, estoy lleno, cené con ÉL. ¿Entonces? ¿Por qué me da frío? Hasta el sueño se me va.*
Se viró y de un salto se incorporó, fue hasta un cajón y sacó su pijama, la colocó en la cama y tomó un almohadón.
*Maldita sensación, y malditos psicólogos ¿Qué pretenden? ¿Y exactamente, qué pretende él? Yo sé que es una nueva táctica, pero ¿Y aquella frase? No era necesaria.*
Caminó hasta el baño y le abrió al agua caliente, la tina se empezó a llenar y un vapor tenue empezó a inundar el cuarto, se quitó la ropa pesadamente y la lanzó al suelo, y sin pensarlo dos veces se lanzó a la tina como niño pequeño, amaba el agua caliente, casi hirviendo, su nana a veces se espantaba de la manera en que el chico tomaba sus baños, pues terminaba todo rojo y hasta parecía que sacaba vapor.
Pero a él le encantaba así, una vez relajado, recordó la frase, no se le había borrado, sólo que el hecho de que el agua caliente lo relajaba le incitaba a pensar más en la frasecilla.

Seul estaba tomando una taza de té, mientras que Edoardo degustaba un postre de chocolate blanco, el castaño veía sumamente serio al menor, pero ya sabía como eran las actitudes de este, quería remediar la situación pero no hablando, así que optó por quedárselo viendo mientras sonreía, Seul bebía su té con los ojos cerrados y pronto sintió la mirada, abrió lentamente los ojos y vio al ojiazul sonriente, casi se atraganta.
-¿Qué ocurre?- preguntó con enojo y curiosidad.
-Nada, nada, sigue bebiendo tu té, es lindo observar a una persona joven beber su té agrio de una manera refinada intentando parecer más maduro.
-¿Qué insinúas?- gruñó Seul dejando su té caer un poco fuerte, derramando un poco sobre su mano, Edoardo esperó la reacción al quemarse en una persona normal pero, Seul, siguió como si nada, como si no hubiera caído nada en su brazo, Edoardo frunció el ceño y le observó más curioso.
-¿No te ardió?- dijo y tomó el brazo de Seul, el pelinegro se quedó sorprendido de tan repentina acción y ante el toque de Edoardo se sobresaltó -*Eso sí arde* pensó.
-No- y enseguida se soltó del agarre del otro, Edoardo alzó las cejas.
-¿Por qué? ¿Eres inmune al calor o algo así?- comentó bromeando, Seul hizo una mueca pero respondió.
-Algo así, soporto temperaturas altas, no tan altas pero a la mayoría de la gente le resultan insoportables.
-Hmmm- Edoardo parecía examinar meticulosamente al menor, lo que molestó al otro, dado que parecía una especie en laboratorio- pero debes de ser propenso a algún tipo de calor… Haber, dame la mano.
-¿Eh? ¿Para qué?- dijo el otro, haciéndose para atrás, sin embargo Edoardo se la tomó y cerró los ojos, Seul se quedó expectante, ¿Le estaba haciendo alguna terapia espiritual o qué? Seul al inicio se quedó como perdido, veía las facciones de Edoardo y luego sus manos, y empezó a sentir un calor extraño.
Sin querer su mano comenzó a temblar ligeramente poniéndose un poco frío, Edoardo entonces levantó la vista y lo miró fijamente, Seul parpadeó varias veces y miró haber si la gente los veía, pero por alguna extraña razón, todos estaban en sus asuntos, suspiró aliviado, pues esa imagen bien podría pasar como la de un psicólogo pidiéndole matrimonio a un adolescente. Por el último pensamiento estuvo a punto de abofetearse.
-Ja, ja, ja- rió Edoardo, Seul se sobresaltó- tenías razón, eres inmune a TODO tipo de calor, quería ver tus reacciones a la primera, y francamente suponía que quitarías tu mano al instante de que te la hubiera tomado, pero no, erré, y sobretodo, erré más suponiendo que se pondría caliente o sudaría, se ha puesto fría y tiembla, mis respetos, rey del calor.
*¿Qué demonios le pasaba al tipo? Actuaba infantilmente*
-Discúlpame si te molesté- dijo Edoardo sutilmente, un poco más serio, al ver la cara de Seul- pero es que como vi que un adolescente que puede vivir desenfrenado y alegre se comporta como una persona de treinta años atada por la vida, pensé que un adulto de casi treinta años puede intentar escapar de su realidad comportándose como un adolescente.
-No cuestiones mi carácter, así soy yo.
-Sí, sí, déjeme acabar, “señor”, ¿Sabes? Eres el primer paciente que me hace actuar como si yo también fuera uno, pareciese que he caído en tu trampa Seul, eres demasiado inteligente, con tu simple mirada puedes demostrar superioridad, pero eres débil, y necesitas ayuda, cariño, comprensión y, sobre todo, un amigo, y como yo, simplemente trato de disfrazar lo infeliz que me ha hecho la vida tras una sonrisa, pretendiendo que en mi vida nada pasa y tratando de buscar salida a mis problemas escuchando los de otros, pero tú siempre me haces recordarlo Seul, me haces recordar que una persona no siempre puede fingir, y que tarde o temprano su teatro caerá y verán su verdadera lamentación, aun hay tiempo de cambiar, Seul, eres como mi antítesis, y nos une en común esa pared sentimental que hemos hecho para aparentar que no hay nada malo, pero lo hay, y la razón que nos une es, que buscamos a alguien que congenie con nosotros, no necesariamente en el mismo carácter, si no un amigo con problemas… Yo- dijo acercándose a Seul- quiero que seamos más que doctor y paciente mental, quiero que seamos amigos, permíteme abrir esa puerta que te oculta así como yo te daré la llave de la mía.
*¿Qué fue eso? ¿Qué me pasa? Qué palabras tan profundas, jamás las había escuchado, y suenan tan creíbles, cariñosas, creo que, es lo mejor… ¡No! Seul ¡No! Al inicio dijiste que NADIE te podría cambiar, menos este extraño que ahora te cuenta con tanta fluidez sentimentalismos, debes pensarlo bien, Seul, se está quebrando tu muro, detén al que está al otro lado tratando de pasarlo a toda costa.*
-¿A qué viene todo esto? ¿Es una nueva manera de medicar a sus pacientes, pretendiendo que usted ha sufrido más que ellos?- comentó frío, desviando un poco la mirada, Edoardo se quedó serio.
-Eres mi antítesis, recuérdalo.

Y eso había ocurrido… Su “antítesis”, su amigo… Ésta vez había sonado muy creíble el doctor ese…
-Pero es que no puedo- habló Seul para sí- ¿Qué pensarán todos? Siempre he sido un rebelde al que le vale todo y ahora resulta que un tipo me tambalea literalmente desde el primer día y a los primeros cinco minutos de haberlo conocido, eso no tiene lógica, y ahora pretender querer ser más que mi doctor- Seul se vio por el espejo del baño, el cual tenía vapor, pero la silueta se distinguía. Se terminó de bañar.
*Espero que el color rojo sea por el agua caliente*

Edoardo se encontraba en su departamento arreglando los papeles de los visitantes de las últimas semanas, cuando llegó a sus manos uno muy especial, sí, se trataba de Seul, JAMÁS había tenido la idea de revisar a fondo el papeleo que sus padres tan “gentilmente” habían hecho, era un vil copia, Edoardo se molestó, ese expediente marcaba la descripción de Seul en secundaria, y apenas se veía un borrón donde en vez de apuntar un grado de secundaria apuntaba uno de preparatoria, lo leyó con tristeza, pobre muchacho, que “suerte” tienen los ricos, pero hubo algo que le llamó la atención, estaba apuntado un número celular, aparentemente correspondía a Seul… ¿Y sí…?
El castaño no lo meditó más y se incorporó, y caminó hasta su escritorio, donde su celular cargaba, lo tomó y trató de sonar formal, por si es que el teléfono no le correspondía al pelinegro.
Escribió rápido y mandó el mensaje, no tenía toda la plenitud de que pudieran responderle, al menos si alguien lo hacía tendría el pretexto de perder el tiempo un rato. Aunque no creía que si no se trataba de Seul, la persona que lo leyera entendiera, tal vez el número ya ni siquiera estaba en servicio.
Pasaron cerca de media hora y Edoardo se rindió, no era de Seul. Y, cuando te rindes, es cuando más sorpresas existen, porque en ese instante sonó la melodía y el vibrador movió el celular, indicando que había recibido un mensaje, Edoardo que estaba sirviendo una taza de café se quedó perplejo, no tenía esperanza, más le causaba curiosidad, se dirigió hacia el buró y tomó el celular, comprobando que le habían respondido, y casi se le cae la taza de café al ver que el que le había respondido era Seul…
-¡¡SEUL!! ¿De verdad es éste tu número? Pero si es de la secundaria, ¿Aun conservas tu celular?- Edoardo releía la palabra que decía “¿Edoardo?”. Enseguida se apresuró a responder… Vaya que ese había sido su día de suerte.

Seul miraba perplejo su antiguo celular mientras leía esa palabra que tantos dolores de cabeza le había dado el día de hoy.
“Antítesis”.
¿Sería él? ¿Cómo habría encontrado ese número? Ese celular era especial, por eso lo había estado guardando, tenía otros mejores, pero no dejaba ese, y sólo lo tenían algunas personas que Seul “apreciaba”. Y ahí estaba, aquél mensaje corto que terminó por volverlo loco, haciéndolo responder automáticamente, y no tuvo que esperar mucho, pues enseguida le contestaron.
“Tengo un paciente rebelde que teme aceptar su realidad, ¿Lo conoce?”.
El pelinegro casi cae de la cama, ¡Edoardo había dado con SU número privado! ¿Cómo?
“¿Eres Edoardo el psicólogo? ¿El loco que se obsesiona por el chocolate?”.
Después de eso, un sin fin de mensajes iban y llegaban y se ponía divertida la situación, Edoardo le había respondido “¿Y eres tú el que se obsesiona por parecer un adulto reprimido?” Y así entre insultos y risas, habían terminado su “plática”.
No supo por qué, pero Seul le dijo al castaño que aquél celular antiguo era muy especial para él y que lo había estado guardando en secreto de los demás y sólo unos pocos lo conocían, Edoardo le preguntó si podría considerarse uno de los pocos afortunados en tenerlos y, Seul le contestó que sí, sonriendo más amplio que otras veces, pues sabía que nadie lo veía, sin embargo Edoardo pudo sentir esa sonrisa en el último mensaje…
“Sí, claro, recuerda que eres mi ‘antítesis’”.
-¡Al carajo!- gritó Seul- por esta noche no me preocupo, me siento mejor, y si tengo que fingir algo, ya lo haré más adelante- no dejaba de sonreír de nuevo y había dado gracias internas al hecho de que Edoardo hubiera encontrado el número, dado que él ya le había dicho que si tenía algún problema le marcara, claro que la terquedad de cierto pelinegro iban a evitar eso a toda costa, pero ahora ya tenía otra forma de comunicarse.
Apagó el celular para hacer enojar a Edoardo y se acostó, durmiéndose casi al instante, era una noche tranquila desde hacía mucho tiempo…

Edoardo oyó el sonido nuevamente y se apresuró con una sonrisa a contestar el celular de su paciente consentido, *Haber con qué golpe bajó salió- pensó*.
Pero no era el de un mensaje, si no una llamada, Edoardo se extrañó al ver un número diferente al de Seul y contestó, pensando que era algún otro paciente.
-¿Diga?
-Vaya, sigues con el mismo número, ¿Cómo está mi doctor? Su paciente favorito llegó a la ciudad y quiere verlo…

Continuará…

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