Capítulo 3: Vistazos
Seul se miraba la mano izquierda. De verdad que ahora ya no se sentía como antes, el simple hecho de que alguien le hubiera dicho que era especial lo había hecho sucumbir, es decir, tenía muchos “amigos” y personas que decían que era inteligente y eso, pero nadie nunca le había dicho que era especial, solo su madre, pero apenas tenía el vago recuerdo de eso.
-¿Qué te ocurre Seul?- preguntó Alex, mientras iban en recorrido a una plaza central para entretenerse un rato. Iban en uno de los carros de sus padres. A Seul no lo dejaban manejar, a pesar de que supiera, siempre lo habían retraído mucho.
-Nada- dijo cerrando lentamente los ojos, después miró a través del cristal, no podía ocultarlo ya, su barrera de protección se estaba desquebrajando por un hombre con una sonrisa amable.
-Es que estás muy callado, bueno, siempre has sido callado ¿No? Je- dijo Alex soltando una risita, pero en vez de provocar el típico enojo de Seul, lo miró un tanto distante- ¿De verdad que te pasa?
-Déjame en paz, organizo mentalmente mi día.
-¡Uy!- exclamó haciéndose el ofendido, pero nuevamente se puso serio, Seul estaba demasiado extraño- está bien está bien. Ya llegamos, dijo bajando el vidrio un poco para ver la enorme plaza. Mira, parece que hoy hay algún evento, hay mucha gente.
Seul se inclinó también para ver por la ventana y lo comprobó, había mucha gente reunida y se observaban globos, alguien con micrófono, música, y grandes carteles.
-Genial- dijo gruñendo, Seul odiaba lugares con mucha gente.
-Hay no te pongas así, nada más hay que ir a ver, y si está aburrido nos vamos a un lugar más tranquilo ¿Sí?- empezó, juntando sus manos y poniendo ojos tristes.
-No empieces, no quiero arruinarme más el día- comentó, viéndolo con aparente asco, odiaba que hiciera eso.
-Pero serán solo cinco minutos, no más, lo prometo, vemos que es y nos vamos, ándale, recuerda que me prometiste salir ya que no pudimos ayer por lo de mi hermano.
Seul miró nuevamente a través de la ventana y observó a los animadores, miró su mano izquierda y a su mente vino la palabra “demostrar”.
-Cinco minutos.
-¡Genial!- exclamó su amigo, dándole un abrazo, Seul le gruñó y lo apartó de él.
-No te exaltes, porque estaré contando los segundos- agregó e indicó al chofer que se estacionara cerca de ahí.
…
-¡Eh! ¡Qué buen evento! No pensé que se pusiera así.
-Es que lo organizaron jóvenes, era natural que quedara mucho mejor que con adultos aburridos, je.
-Pues mejor calladito que tu ya pasaste tus años de adolescencia.
-Hombre, déjame disfrutar, además aun estoy en mi juventud, y me encanta convivir con los jóvenes.
-Hay Edoardo, no cambias, toma otro refresco.
-Gracias- Edoardo sonrió, abrió el refresco y le dio un sorbo, al ambiente estaba muy animado, había trabajado con esos jóvenes antes y los había impulsado a salir a delante, aun recordaba la primera vez que habían llegado a su consultorio, decaídos, deprimidos, enojados…
“Seul”
Edoardo sonrió, desearía que estuviera en ese evento, su cita sería dentro de dos horas pero quería que ya estuviera ahí, pero era lógico que alguien como el pelinegro jamás cruzara ni una mirada por aquél lugar.
-Edoardo, vamos hacia la entrada están llegando más jóvenes y requieren más material- comentó su amigo.
-Claro, esto se está poniendo genial- agregó con una sonrisa.
…
-Bien, ya estamos aquí, se ve bastante animado el ambiente, ¿No lo crees?... Oh, Seul, ¿Por qué llevas una gorra y chamarra?
-Eres tan observador e inteligente como siempre- comentó Seul con un bufido- es lógico que no debo llamar la atención, recuerda de quien soy hijo, no quiero ni fotos, ni rumores, ni nada- agregó acomodándose la gorra.
-Tienes razón- comentó pensativo- pero hará calor más tarde, creo que al menos te pudiste haber desecho de la chamarra.
-Cuatro minutos con cincuenta segundos…
-Bien, bien, ya, vamos rápido a ver y nos regresamos.
Seul y Alex se adentraron entre el tumulto de gente para ver mejor, era una especie de concierto-evento-concurso, Seul solo tenía una ceja levantada, era una pérdida de tiempo, al parecer ya no sabían como llamar la atención para atraer a más público a la plaza.
Uno de los muchachos empujó a Seul y le tiró la gorra, y a pesar de que se disculpó, Seul solo le dijo: “estúpido” por lo bajo, mientras trataba de bajar la cabeza para que no lo vieran, enseguida se puso a buscar la gorra entre toda la gente y cuando la halló y se la colocó dijo:
-¿Qué le ven tan entretenidos a estos lugares? Hay tanta gente proletaria. Ya vámonos Alex.
Pero Alex no estaba. Seul volteó y no vio a nadie, algunos brazos levantados le impedían ver mejor- ¡Alex!
Nuevamente tropezó al tratar de caminar y la gorra fue nuevamente al suelo. “Qué estupidez, ¿Cómo rayos me fui a meter aquí? Y el idiota ese se desapareció. No le hablaré por meses”
Chocó contra alguien tratando de encontrar la gorra- “Lo siento”- le dijeron, más el solo le dijo “apártate”.
Alguien se agachó y levantó la gorra antes que él. Si era una broma, Seul se estaba molestando, se incorporó para arrebatársela pero se quedó en seco.
-¿Seul? ¿Tú aquí?
Seul se puso pálido y a la vez ligeramente rojo. Edoardo lo miraba con fascinación mientras sostenía la dichosa gorra. Lo había descubierto, en un sitio como ese, o peor aun, ¿Por qué lo había descubierto? ¿Qué hacía el doctorcito ahí?
Seul no supo como reaccionar, solo le arrebató la gorra al doctor y trató de correr entre la multitud, temiendo que en verdad lo hubiera reconocido.
Pero Edoardo se apresuró también la ver la reacción. No podía ser otra que la del pelinegro, no iba a perderlo por nada del mundo. Seul trataba de pasar y no importaba a quien empujase, simplemente quería salir, no le importaba Alex, solo llegar al auto, sin embargo, quedó atrapado por un grupo de efusivos muchachos que lo tomaron de las manos y lo obligaron a saltar con ellos, Seul se estaba desesperando y miraba a todos lados.
De pronto sintió como lo tomaron de la cintura y jalaron con fuerza hacia atrás. A continuación no pudo saber que pasaba, solo sentía como era jalado hacia fuera de la multitud por alguien desconocido.
Cuando estuvieron lo bastante fuera, su “raptor” se detuvo y lo soltó, pero lo sujetó de la mano por si se le ocurría correr. Seul no había abierto los ojos aun. Hasta que esa persona habló.
-¡Uf! Me recordó a una de esas películas de acción. ¡Cómo me hiciste sudar! Seul, abre los ojos, parece que quieres besar a alguien- comentó riendo.
El pelinegro los abrió y volteó a ver a quién menos quería que fuera, pero ya tenía un presentimiento. Edoardo le miraba sonriente, y él estaba desesperado, no sabía que hacer, como actuar ni que decir.
-No debiste correr, los jóvenes por aquí están efusivos por la música, es como una droga para ellos. Me sorprendió verte aquí, al principio no creí que fueras tú. Pero cuando te echaste a correr, lo confirmé.
-Y supongo que ahora me vas a tener con que soy un adolescente normal que solo quería llamar la atención haciéndose el insocial, pero que si va a organizaciones como estas.
-No, no, de hecho, yo te atraje con el pensamiento- dijo el viéndolo cálidamente, Seul parpadeó y se asombró un poco- ¡Es broma!- dijo él, al ver que el menor iba a responder- la verdad es que sí quería que estuvieras aquí, pero no pensé en verdad encontrarte, verás, los jóvenes que organizaron esto eran pacientes míos, y me invitaron a que formara parte del evento.
-O sea que no ibas a ir a nuestra consulta de hoy- comentó Seul, serio.
-¡Claro que sí!- dijo él sonriente- ¿Cómo crees que no? No puedo dejar que el cordero se escape de la cerca.
Seul levantó una ceja y Edoardo se disculpó. Cuando estaba con Seul solía decir cosas que en realidad no quería, es como si con él sus pensamientos quedasen expuestos. Quedaron un momento en silencio y solo se escuchó el ruido de la música y los jóvenes gritando.
-¿Quieres un refresco?- preguntó el doctor, tratando de amenizar el asunto. Seul asintió lentamente, el castaño se lo pasó y lo miró mientras bebía. Era tan…No sabía como describirlo, pero se hipnotizaba cada vez que veía la fragilidad salir de la dura barrera del chico. La forma que tomaba el refresco y lo bebía, era embriagante.
-¿Tengo algo?- comentó Seul al notarse observado por el ojiazul, este negó con una sonrisa, Seul odiaba ponerse nervioso cada vez que no podía manejar una situación con aquél hombre… Sin embargo, también le hacía sentir a gusto el hecho de que parecía que en verdad le prestaba atención.
-Es extraño que nos hayamos encontrado- dijo Seul con los ojos cerrados, mientras le daba otro sorbo a su bebida. Edoardo lo miró pensativo.
-Es el destino. El destino quiso que nos encontráramos, así como que nos conociéramos- Seul abrió los ojos mas no lo miró.
-El destino no existe. Solo las coincidencias, el destino no hace el camino, uno lo hace, nosotros podemos cambiar lo que queramos… El destino no.
-Interesante observación- hizo Edoardo, viendo hacia su derecha, amaba esa forma de expresarse de Seul, quería parecer tan firme en sus suposiciones, pero por dentro tambaleaba sobre la verdad.
-No empieces con halagos- dio otro sorbo y suspiró levemente, Edoardo lo miró fijamente y luego al frente.
-Je. Se siente tan bien cuando tengo compañía, tu compañía- agregó el mayor, viendo hacia el cielo. Seul se mordió el labio y sintió sus mejillas un poco calientes, nuevamente trataba de no temblar de nervios. Lo bueno fue que en ese momento su celular sonó.
-¿Qué ocurre?- dijo al contestar, Edoardo parpadeó y escuchó atentamente- ah, sí, sí, estoy algo lejos del estacionamiento, pero voy para allá…
Edoardo comprendió la situación y le habló por lo bajo a Seul –Yo te llevo si quieres, después de todo, luego de esto ibas a ir a mi consultorio para la sesión- Seul se quedó unos segundos callado, como si debatiera consigo mismo, y al final le indicó al chofer que se había encontrado con el psicólogo y lo llevaría al consultorio. El mayor estaba muy feliz de que hubiese aceptado la proposición.
Cuando colgó, Seul no dijo nada, simplemente se guardó el celular y miró hacia el frente. Edoardo hizo lo mismo y luego se le ocurrió una idea.
-Falta bastante para la consulta, a decir verdad- reconoció el castaño- y como se que a ti no te gusta el ruido no puedo dejarte aquí, así que… ¿Por qué no vamos a comer antes de ir a la consulta?
Seul lo miró un poco extrañado. ¿A comer? ¿Lo estaba invitando? Si quería ir pero no. No podía dejarse llevar tan fácil, no iba a dejar que fuera fácil, no le iba a permitir a ese hombre que supiera más, no podía, pues ya suficientes problemas le había causado con el poco tiempo de conocerlo.
-No puedo- respondió secamente.
-¿Por qué no? Falta mucho y acabas de mandar a volar a tu chofer.
-Mi amigo vino con migo, y tengo que ir a buscarlo.
-Pues creo que tu amigo se debe de estar divirtiendo, digo, si no se ha aparecido o te ha llamado por celular es que no te recuerda- comentó encogiendo los hombros.
-¿Qué tal si le ocurrió algo malo?- lo dudaba, Alex era de los que se cuidaban muy bien, además, esa faceta de amigo protector a decir verdad no le quedaba, y estaba seguro de que Edoardo también pensaba lo mismo.
-Hay mucha seguridad por aquí. Hay policías y todo está bien controlado, como ves no hay nada que temer, puedes enviarle un mensaje si lo deseas, y él lo leerá después.
Seul estaba cayendo. No encontraba otros “pero” y las ideas se le agotaban, Edoardo simplemente disfrutaba ver las contradicciones de Seul y daba gracias de haber estudiado posiciones corporales y movimientos, comprendía ala perfección lo que Seul sentía y trataba de hacer.
-Anda, anda- dijo tomándolo de la mano que le había agarrado al inicio- vamos yo lo invito todo, es un lugar genial, vas a ver- el pelinegro solo sentía como si la piel de la mano le quemara, quería soltarse pero Edoardo entonces le colocó el brazo por los hombros y lo empujó más hasta su auto, callando todos los pretextos del menor con sonrisas y frases muy objetivas.
Seul hubiera deseado no haberse levantado, ahora si que le aplicaría la ley del hielo a Alex, no quería abrirse más al doctor; mientras que este, estaba agradeciendo al cielo haber aceptado ir a aquél lugar, mira que premio se había ganado. Un pequeño pelinegro hermoso y testarudo.