SEUL

Capítulo 2: Gestos

Era la quinta vez al menos que Seul suspiraba en ese día, apenas eran las once de la mañana y ya estaba arreglado y listo para irse, con la excepción de que su cita era hasta las dos y ya no encontraba que hacer…

¿Por qué se sentía así? ¿Qué tanto le había hecho cambiar aquél doctor? Ya no sabía que hacer, era como si fuera a ir a su lugar favorito y la impaciencia le mataba, al solo recordar, se le erizaban los vellos de la piel y sentía como su estómago se encogía.

Miró su gran cuarto, tenía tantas cosas que hacer, sin embargo, no quería, y es que simplemente cuando estás desesperado un enojo te invade sin razón alguna, y lo peor es que eso hace que las cosas se atrasen más.

Debía encontrar algo que llamase su atención lo antes posible, sus dedos estaban fríos, tal como te sientes cuando vas a dar una plática frente a muchas personas o cuando un examen decisivo te es otorgado.

-Vamos, Seul, no caigas- se dijo así mismo buscando entre la caja de videojuegos alguno que le pudiera representar un reto, al menos por un rato.

Al fin sacó uno del armario y lo colocó en la consola, comenzó a jugar pero al mismo tiempo todo aquello hacia recordar más eso.

Apagó el aparato de un solo golpe, al no poder concentrarse, y fue directo a su teléfono celular, marcó el número de algún amigo que el sabía que no tendría nada que hacer en ese momento.

-¿Sí?

-¿Alex?

-¡Hola Seul! ¿Qué ocio tan grande tienes que te hace hablarle a tus amigos?- comentó con gracia e ironía, Seul bufó.

-Cállate, socializando un poco, creo, no se, ¿Qué haces?- dijo tirándose en al cama, con la mente un poco más despejada.

-¿Eh? ¿Qué que hago?- preguntó extrañado su amigo- pues no mucho realmente, estaba a punto de ir a jugar golf con mi hermano hasta que tú me hablaste.

-¿O sea que estás ocupado?- preguntó sorprendido, su amigo le gruñó por teléfono.

-No solo tú tienes vida social.

-Cierto… -dijo alzando las cejas.

-Como sea, ¿No tenías clases de piano a estas horas?

-No. Las dejé, ¿Sabes cuan aburrida es esa clase? ¡Dios! Me muero de solo verle la cara a la profesora.

-Me imagino- dijo su amigo con un tono burlón, después hubo una pausa de silencio.

-¿Y cómo te va con tus sesiones? Me contaron que estás yendo con un psicólogo…

-Tengo que irme, recordé que sí tengo algo que hacer, te dejo, ve a jugar golf y pierde por mi ¿Sí? Hasta luego- y colgó.

¿Por qué todo el mundo le recordaba a ese tonto hombre? No tenía sentido, se estaba volviendo loco, en vez de avanzar hacia su “cura” se estaba echando a perder.

Pronto le dio un sueño enorme al mirar fijamente el ventanal de su cuarto, emitía una luz que le daba cosquilleos a su nariz, así que no pudo evitar cerrar los ojos.

-Doctor, ya llegó su paciente.

Edoardo se incorporó rápido de su lugar. Ese día él también se encontraba tremendamente desesperado por ver al pelinegro y no podía ocultarlo.

-Hágalo pasar- dijo con euforia, la recepcionista alzó las cejas.

-Sí, señor.

Edoardo se acomodó el traje y se puso serio, aunque no podía evitar sonreír al ver la cara malhumorada del chico, le estaba tomando mucho aprecio. La puerta de la oficina se abrió. Pero no era Seul, se trataba de otro paciente.

-Buenas tardes, doctor- dijo una señorita de unos dieciocho año, Edoardo dejó caer pesadamente los hombros y su rostro se oscureció.

-¿Sucede algo?- preguntó la chica, Edoardo ocultó su desilusión tras una falsa sonrisa.

-No, no, para nada, adelante- viró hacia su reloj y se dio cuenta de que apenas era medio día, su cita tendría que esperar al menos un par de horas.

-Gracias- respondió la chica, algo cohibida, Edoardo era muy guapo y eso le hacía bajar la mirada, su doctor empezó a rebuscar varias hojas en su cajón, pero al parecer hoy estaba muy distraído, no se daba cuenta de lo que en realidad hacía, pues mantenía su mente en alguien más.

-Bueno- dijo soltando al fin una sonrisa sincera- vamos a comenzar la sesión.

Los ojos mieles se abrieron lentamente, en la habitación de su cuarto había una quietud y tranquilidad irrompibles.

Miró con pesadumbre hacia los lados y, cuando su vista se fijó en el reloj, sintió como si le hubieran echado una cubetaza de agua fría. Se incorporó de un salto y se talló la cara, eran la 1:52.

-Un momento- se dijo así mismo, dejando la playera que acababa de sacar de su closet- van a pensar que estoy emocionado por ir, puntual y todo, van a pensar que si me está sirviendo esto, no- enseguida botó la playera negra al suelo- tengo que entretenerme en algo más, pensar que estoy ocupado para ir, que me rueguen, que me lleven a la fuerza, tengo que actuar peor que ayer.

El pelinegro se paseó por su habitación, repitiendo en su mente “no me gusta ir a ese lugar”, aunque el mismo se estuviese engañando, francamente no sabía como actuar ahora que sus dedos estaban más fríos y sentía el estómago aun más pequeño, hasta el punto de que se doblaba un poco, como si estuviese buscando algo. 1:55 PM.

-¿Seul?- tocaron la puerta, debía ser la ama de llaves.

-¿Qué?- dijo él, fingiendo un gruñido.

-Bueno… - comenzó la voz nerviosa- debo recordarle que tiene cita con el psicólogo, y en cinco minutos es, le recomendaría que se apresurase, pues el tráfico está un poco denso el día de hoy.

-¡Que bien que me lo recuerdas!- respondió con ironía- sí, sí, lo sé, estaba muy ocupado, pero si no voy recibiré un sermón de mi madre por celular, al menos así puedo dormir más- fingió- ya voy a salir, solo déjame acabarme de arreglar.

Era mentira. Estaba arreglado desde la mañana. Pero como había estado todo ese tiempo en la habitación y nadie había entrado, al menos tenía un pretexto razonable que le permitiera aparentar que no tenía un estado anímico lo suficientemente grande como para asistir. Buena idea.

Solo se miró al espejo y se puso una gorra negra, no tenía ganas de peinarse, se amarró los cordones de los zapatos y se colocó el cinturón de estoperoles. Salió aparentando pesadez.

-Vamos.

-Señorita, ¿No ha llegado otro paciente?

-Por enésima vez, doctor, no.

-Je- dijo con una sonrisa nerviosa- bien, pero comuníqueme en cuanto llegue.

-Lo haré doctor, lo haré- dijo algo fastidiada la voz por el teléfono.

Edoardo colgó. “Ya cálmate Edoardo, esto no te había pasado en tus años anteriores, o tal vez sí, pero lo olvidaste, es solo otro caso típico ¿No? ¡Dios! ¿Qué hice ayer? Rompí un cheque en blanco, que estúpido, si, una acción estúpida, pero no estaba razonando, no, y no se que me pasó, pero no volverá a ocurrir, así que relájate, tal vez no venga, tal vez se hartó de la primera cita y decidió seguir así como es.”

El doctor se paró y se dirigió hacia el ventanal de su despacho, vaya que estaba lindo el día, si exceptuamos el hecho de que el tráfico era horrible y los pitidos y demás sonidos le lastimaban un poco.

Sus manos estaban frías y se aclaraba la garganta constantemente, incluso había practicado un saludo cortés con él mismo por el espejo, que tonto. Eran las 2:05 PM

-¿Doctor?- dijo la voz por el teléfono- ha llegado un paciente.

Edoardo corrió literalmente al teléfono y lo aferró a su oído- Sí- carraspeó- hágalo pasar, por favor.

Se sentó apresuradamente en su silla y se trató de tranquilizar, sacó un fajo de papeles y los colocó desordenadamente y agachó la vista, como si estuviese muy ocupado viendo esos papeles.

Segundos después apareció aquella personita causante de ese comportamiento tan estúpido…

-Hola, Seul- dijo fijando la vista por un momento en el chico y luego bajándola hacia los papeles. “Dios”-pensó- “Te vez muy bien de chico malo. No, espera, ya no digas más tonterías”- eh, toma asiento por favor.

Seul obedeció mecánicamente y sin saludar al doctor, cerró la puerta y se dirigió hacia la silla de paciente, se dejó caer y miró con las cejas alzadas al doctor, no le estaba prestando atención, y más raro era lo que estaba haciendo.

-¿Qué haces?- comentó desinteresadamente.

-Analizo unos informes que me pasaron.

-¿Los informes eran de un estudio mental acerca de los conocimientos generales de un adolescente?

-¿Qué? ¿Por qué dices eso?- preguntó extrañado.

-Porque los papeles están en blanco- dijo con lógica, mientras trataba de ocultar alguna risilla tonta.

-Ja- rió el doctor- ¡Qué observador e inteligente eres! Vaya es una deducción no lógica pero si interesante.

-Como sea.

-Bien- dijo el mayor haciendo a un lado los susodichos papeles, se había avergonzado de que Seul hubiera descubierto que no estaba analizando nada, lo bueno fue que no se empeñó en ese tema- ¿Podemos comenzar la sesión?

-No voy a ponerme a llorar, si eso es lo que pretende, y no tengo más que contarle acerca de mí- advirtió con la mirada fija.

-Sí, lo sé, me supongo que alguien como tu no puede tener algo fuera de lo rutinario, jugar golf, ir a cenas importantes, asistir a conferencias, un mero entretenimiento.

-¿Qué insinúa?- dijo entrecerrando los ojos- esas son estupideces a las que yo rechazo desde el primer instante en que se me presentan, así que bromas de ese calibre no acepto.

-Lo lamento- dijo haciendo un ademán con su mano- pero me alegró la noticia de que al menos estés enojado y no tan callado como ayer.

-Mira si nos apresuramos- comentó viendo su reloj- tendré tiempo de ir a un “cita” con la almohada.

Edoardo sonrió ampliamente, ¡Cuánto aprecio por el chico! – Sí, bien, empecemos, en serio ¿Pasó algo nuevo ayer? ¿Algunas emociones que quieras compartir, tal vez una anécdota simple pero que te haya hecho reflexionar?

Seul levantó una ceja y lo miró, vaya que revoltijo de emociones hoy en la mañana, y que decir ahora, estaba cruzado de brazos ocultando sus manos, para transportar calor a ellas y para que no lo delatasen temblando.

-No.

-Bueno… Podemos hacer una dinámica, mira, dibuja algo en lo que estés pensando en este mismo instante, sea bueno, malo, lo que sea, no importa que no sepas dibujar, esto nos ayudará a amenizar esto, es decir, yo también lo haré, y así sabremos que nos estresa en este momento, ¿Sí?

Seul volvió a levantar la ceja y luego su mirada se desvió a la hoja blanca y a la pluma que Edoardo le pasaba, dudó un poco y, con cierto tambaleo, tomó su mano izquierda hacia la pluma, rogando que no le temblara la mano. El mayor observó con atención.

-¿Eres zurdo?

-Sí- dijo un poco apenado, o más bien exaltado.

-Eso demuestra que eres inteligente y especial, ¿Sabías que solo un 10 % de la población mundial es zurdo?

-Sí- dijo con fingido fastidio, aunque le había agradado el comentario.

Entonces, aun más nervioso, comenzó un dibujo, y ya no le servía aparentar, o al menos eso creía el castaño, ya que conocía de movimientos y posiciones corporales que indicaban las emociones del momento y Seul, al parecer, estaba muy nervioso.

-Ya está- dijo rápido y casi botándole el papel a Edoardo, este parpadeó varias veces y tomó la hoja, en ella, solo había una flecha apuntando hacia el frente, apuntándolo a él. Entonces se sorprendió mucho.

-¿Estás pensando en mí?- dijo sin poder ocultar una sonrisa enorme, Seul abrió los ojos de sorpresa y, por un segundo, pareció apenarse más de la cuenta, luego volteó hacia la izquierda.

-No, lo que está atrás de ti.

Edoardo volteó y vio el reloj que apuntaba las 2:35, se decepcionó un poco de la frialdad de Seul pero enseguida recobró ánimos, pues cuando una persona ladea la cabeza hacia la izquierda, probablemente está mintiendo.

-Bien, pero no te puedes ir, bueno, no te voy a obligar a quedarte pero, aun falta un rato para que la sesión acabe.

-Ya lo sé, pero estoy pensando en el tiempo, tal como me dijiste que te expresara.

-Cierto, lo lamento, en fin, bueno, ¿Tus padres están trabajando?- no tenía nada que decir, estaba nervioso, incluso se le habían olvidado las preguntas que había estado formulando durante toda la mañana.

-Sí.

-¿Crees que algún día puedas acompañarme a centro social? He visto que tienes aptitudes para ser líder, y es en serio- dijo la ver la mirada de reproche del chico- será como una visita guiada, es un empleo que tengo algunos fines de semana, he escuchado que ahí hay muchas personas como tú que han mejorado notablemente y…

-¡¿Qué rayos insinúas?! Si no lo sabes bien, o me quieres hacer el tonto, se que el centro social es para adolescentes suicidas y estúpidos que se la pasan lamentándose, ¡Vaya cinismo más grande, doctorcito!- dijo incorporándose furiosamente.

-No, no yo…- “Tonto, tonto, tonto ¿Por qué no le dices que solo quieres pasar el tiempo con él para conocerlo mejor?” -Mira, por una milésima de segundo, y solo por una, creí los halagos, pero ¿Sabes qué? Así son todos, los demás psicólogos me hicieron esa propuesta con el único fin de deshacerse de mi, ah pero ¿Sabes? Tú eres el primero que me quiere mandar a volar a la segunda sesión, felicidades- concluyó con un sarcasmo eminente, un aplauso y una risotada.

Se levantó apresuradamente hacia la puerta con un enojo notable, Edoardo también se incorporó y fue tras de él, se iba repitiendo groserías para sí mismo.

-No, no entiendes, lo decía porque tú eres diferente, no como los demás, eres especial.

-Eso me decía mi madre cuando tenía cinco años, ¿Y sabes lo que me dice ahora? Mejor olvídalo- dijo cambiando su semblante un poco a uno de tristeza, Edoardo lo miró y colocó la mano sobre la de él, que estaba en la perilla de la puerta, girando lentamente, el castaño detuvo la acción e hizo que Seul lo viera.

-Si no te dice eso es porque ya no entiende, eres especial a tu manera y eso te hace mejor que todos, porque cambias, te adaptas, te proteges, yo hubiera deseado ser como tú, desafortunadamente mi intelecto no podía rebasar lo requerido, sin embargo, al ver reflejado tu potencial me doy cuenta de que valió la pena hacer algunos sacrificios en mi vida, y si bien, me doy cuenta que esta es la mejor manera para alejar los problemas, el enojo, yo se que tú los enfrentarías, pero dime ¿Lo harías, Seul? ¿Te atreverías a demostrar que todos los que te conocen están equivocados al creer cómo eres? ¿Tienes el verdadero coraje? No me respondas aun, con el tiempo tú te darás cuenta.

Seul soltó la perilla y se safó del agarre de Edoardo, bajó la vista, ocultando sus ojos tras su cabello, el comentario le había llegado, maldita sesión, en verdad le había llegado. Permaneció quieto.

-Bien- agregó- volveré mañana, tal vez vaya al tonto centro.

Edoardo volvió a sonreír.

-Eso significa que lo demostrarás…

-No lo sé, y dije tal vez, mañana será otro día, pero por hoy ya no quiero seguir aquí- dijo con la voz calmada y los ojos cerrados, respirando acompasadamente.

-Bien, eso me parece bien, te veré mañana, aunque no lo creas hoy hemos tenido un gran progreso, te veré mañana- comentó sonriendo y estirando la mano.

Seul se la miró y cerró la despedida, por un momento, Edoardo creyó ver una ligera curvatura en sus labios, parecida a la de una sonrisa.

El pelinegro salió y Edoardo miró con felicidad al chico.

-Eres mi reflejo, y ahora eres mi tiempo y mi mente.

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