LOSE MY HEART

Capítulo 6: Atracción

Darlet marcó por enésima vez al teléfono celular de Evan, pero la comunicación no logró establecerse, afuera se oyó un estruendo indicando que pronto llovería, el cielo se hallaba en un tono grisáceo muy lindo, a pesar de que fuera mala señal.
El castaño, resignado, colgó y se dirigió hacia el ventanal, se recargó en el marco y observó el cielo, que continuamente emitía varios truenos.
-Ese color… Se parece a los ojos de Evan… -comentó para sí- pero en los de él, hay cierto brillo y calidez que jamás se hallaría en algún otro color, estoy seguro.
Se dirigió nuevamente a la sala y se sentó en uno de los sillones, quería llamarle a Evan para que se apresurara, estaba por empezar a llover y eso le preocupara, no tanto porque le diesen miedo los truenos, si no porque como se ponían las cosas, Evan estaría muy estresado y tal vez no divisaría bien el lugar por donde iba.
Además, desde la vez que se habían conocido, era la segunda vez que llovía. Y fue precisamente ese día cuando aquello pasó.
Aquello que Darlet odiaba recordar, porque desde muy pequeño había sufrido…
Se tiró boca arriba del sillón y comenzó a derramar lágrimas sin expresión… Por muchos motivos podría decir que odiaba los días lluviosos… Sus padres… Sus amigos… Sus deseos… ¿Por qué su vida había cambiado tan repentinamente?
Cerró los ojos y lo meditó por un momento, Evan era lo mejor que le había pasado desde hacía muchos años, a veces no lo entendía, porque suele comportarse de varias maneras, una siendo amable y algo tierno, otras siendo serio y varonil, y otras más, comportándose tremendamente seductor.
Imaginó a Evan acercarse lentamente hacia él, tomarlo por la cintura y alzar su barbilla con suavidad, mirarlo con deseo y acercar sus hermosos labios contra los suyos… Y entonces… Evan…
Uno de los truenos lo trajo a la realidad, del susto se había puesto en pie, su corazón latía furiosamente y un sudor frío recorría su fino rostro, pero no se había puesto así por el trueno, si no por lo que acababa de pensar ¿Qué rayos le estaba ocurriendo? ¿Por qué pensaba siempre en eso? ¿Es que acaso…?
-No- dijo Darlet mientras se dirigía a la cocina por un vaso con agua. Se sirvió y bebió enérgicamente. Otro ruido ensordecedor se hizo presente, Darlet se sorprendió y fue a ver que ocurría.
El ventanal se había abierto con la acción del viento y la lluvia ahora empezaba a entrar al departamento, Darlet se apresuró a ir a cerrarla, pero el aire era demasiado fuerte, empujó el cristal lo más que pudo, pero resbaló con el agua que estaba en el suelo, cayendo fuera, al balcón, en ese instante el ventanal se cerró, dejando fuera a Darlet.
El castaño se apresuró a tratar de abrir, pero era imposible por el viento, y la lluvia parecía incrementar, el frío era inmenso, y Darlet no podía hacer nada más que esperar a Evan.

...

El tráfico era inmenso y parecía no cesar, se podían ver a lo lejos varios autos en hilera esperando para avanzar, el joven de ojos grises estaba más que desesperado y no podía hacer nada, la señal de su celular se había cortado por la tormenta y no podía avisarle a Darlet que se retrasaría un poco, últimamente se desesperaba mucho si no tenía al castaño a su lado, las mañanas en la escuela eran insoportables, antes todo le daba igual, pero ahora tenía un motivo para llegar a casa temprano.
Miró su reloj: las 4:10, no solía retrasarse tanto, pero las cosas hoy se habían puesto muy extrañas…
Primero, la tal Aniel le había dicho que si quería ser feliz tenía que empezar por ver sus propios problemas, con lo cual nada venía al tema, porque estaban hablando de leyes, luego, Ana se comportó muy extraño, lo miró con recelo y le preguntó si no le estaba mintiendo en algo, además de que constantemente recibía extrañas llamadas a su celular.
Que día más raro…
Al fin el tráfico comenzó a avanzar y Evan dio un gran suspiro, mientras se preparaba para avanzar.

...

-¿Alas? ¿Es tan solo eso lo que quieres?
-Sí.
El mismo cuarto blanco de antes se presentaba, ahí, nuevamente Aniel charlaba con los hombres que portaban trajes blancos, la única diferencia, es que ahora todos ellos dejaban ver unas hermosas, majestuosas y grandes alas blancas, que posaban tranquilamente tras sus espaldas, tal vez esa era la única explicación…
Aniel se encontraba con la cabeza baja mientras escuchaba lo que le decían, su deseo era firme, al igual como el deseo de ayudar a aquellos chicos.
-Aniel, alguien como tú podría pedir otras cosas… ¿Por qué solo quieres eso? Con ellas o sin ellas puedes seguir siendo lo mismo: Un Ángel.
-Lo sé, pero… Yo también, al igual que los humanos, tengo mi sueño… Y es volar como todos los demás… Volar y ayudar a la gente, ver mi alrededor sin necesidad de usar mis piernas ¿Me entiende?
-Si, claro… Pero entiende esto, Aniel, si obtienes tus alas jamás podrás regresar a la tierra convivir con los humanos, y cuando te toque ayudar a alguien, no aparecerás como una persona, serás solo una presencia que trate de ayudar solo por medio de los pensamientos, no podrás tener lo que tienen los humanos, solo serás un alma…
-Entiendo eso, y aun así…- la castaña levantó la mirada- quiero hacerlo.
-Tienes mucha determinación, tal vez por eso eres una de las más solicitadas, nunca haz necesitado alas para salir con éxito de tus misiones y ahora pretendes quererlas como tus más fervientes deseos, pero entiende una cosa, Aniel, sabes que supuestamente está prohibido ayudar a enamorarse a personas del mismo sexo, y si tú no tuvieras un permiso condicional habrías violado cientos de reglas- habló uno de los hombres de mayor edad.
-Sí, pero… El amor no es un pecado… No tiene por qué serlo, simplemente es algo que no se puede evitar… Y yo no pienso etiquetar a nadie.
-Sabes muy bien que esta misión es peligrosa, ya que si no llevas esto a cabo, se te perderá el derecho de libertad y ya jamás podrás tener tus alas o realizar alguna misión en la tierra, pues firmaste un contrato muy especial siendo la primera vez que un ángel es destinado a enamorar a dos hombres…
-Sí, a pesar de ser chica conozco perfectamente los riesgos y, créame- en su mirada hubo una determinación que asombró a todos los presentes- que por eso elegí esto, para darme valor a mi misma y demostrarme que todo se puede en esta vida.

...

-Darlet… Ya llegué.
El pelinegro entró a la casa rendido, eran más de las 4:30 y no aguantaba el hambre, pensaba en ordenar comida, puesto que seguramente Darlet no había hecho algo delicioso, no había ni rastro de olor a comida, el pelinegro se extrañó, la casa estaba muy fría y con tonos sombríos…
-Darlet ¿Estás ahí?- no hubo respuesta, ¿Estaría durmiendo? Evan fue a la habitación pero no se hallaba ahí, enseguida fue hacia la cocina pero tampoco, así que se empezó a alarmar, no estaba en el baño o en la sala durmiendo, no era posible que hubiera salido…
-“¿Y si me abandonó?”- pensó Evan, la idea sola bastó para desmoronarlo por unos instantes, pero enseguida desechó la idea porque notó algo extraño en su casa, había agua en los pasillos aledaños a la sala, cuando su vista subió hasta su balcón, no pudo más que emitir sorpresa.
Darlet se encontraba afuera, aun seguía lloviendo, el castaño estaba tirado en el suelo, al parecer inconsciente, con la mano derecha débilmente posada sobre el cristal, como si hubiese tratado de entrar sin logros.
Enseguida, el pelinegro corrió hacia la ventana y la abrió de golpe, tomó a Darlet entre sus brazos y lo metió.
Estaba frío, no tenía signos de conciencia, su piel se tornaba un poco azul, el mayor lo colocó rápidamente en el sofá y fue por una colcha para cubrirlo, en seguida fue a la cocina a calentar agua mientras mojaba un trapo, Evan se maldijo así mismo, no debió haber dejado solo a Darlet tanto tiempo, tenía que recuperarse, tal vez solo era un desmayo causado por hipotermia.
Cuando el agua estuvo caliente, Evan se dirigió a la sala y colocó la bandeja con agua en la mesa, alzó un poco la cabeza de Darlet y la puso sobre sus piernas, enseguida mojó la toalla y la exprimió, la colocó suavemente en la frente del chico hasta que se calentara, suspiró, que mala suerte tenía, ¿Qué habría estado haciendo Darlet como para que le pasara eso?
Pensó en llamar al doctor si es que en la siguiente hora no mejoraba, porque su respiración era normal y no parecía estar sufriendo.
-Perdón por descuidarte…

...

-¡Ah! Señor Dushku, es usted de nuevo.
-¿Esperabas a alguien más, Ana?
-No… Es que me ha estado llamando más de cinco veces en el día y bueno…- Ana pegó mas el celular a su oído.
-¿Y cual es tu respuesta?
-Ya le dije que aun no lo se, señor, Evan es mi novio aun, y me dolería mucho hacerle eso… Por eso yo…
-Ana- le interrumpió- ¿Es que acaso no quieres vengarte del mocoso que te hizo eso?
-Sí, claro, por su puesto señor… Pero me quiero vengar de él… No de su hijo.
-Pues será lo mismo, si atacas a uno, sufrirá el otro… así que no hay alternativa, créeme- el padre de Evan puso un tono muy serio, que asustó un poco a Ana.
-De acuerdo- y colgó, Ana bajó la mirada y derramó unas cuantas lágrimas, jamás se quiso meter en negocios o tratos sucios, pero esa era la única solución que le quedaba, en su corazón parecía solo existir ese rencor por aquél chico de ojos verdes, es que simplemente no podía creer lo que había visto, tal vez había sido un malentendido y solo eran amigos, pero aun así Evan le había mentido, le había dicho que había dejado al chico con las autoridades.

...

-Ojalá te recuperes pronto- susurró Evan, observando a Darlet, acarició suavemente su mejilla, era la primera vez que lo tocaba de esa forma, sentía una extraña calidez solo de tenerlo cerca, con tan solo ver su rostro, le daban ganas de ¿besarlo? No podía ocultarlo, sentía una fuerte atracción por el chico.
Tenía que admitirlo, desde que lo había visto había sentido algo por él, aunque lo confundiese con otra cosa o lo negase, y con el tiempo aquella atracción se fue convirtiendo en algo más hasta llegar al grado de que no podía estar sin el chico, se había vuelto adicto a él.
-¿Evan?- habló Darlet, entreabriendo los ojos, sacando al pelinegro de sus sueños.
-¿Darlet, estás bien ya?- preguntó Evan un poco más animado.
-Yo…- el castaño, seguramente llevado por el inconsciente, y sin saber lo que hacía, se sentó y tomó con sus manos la cara de Evan, la acercó a su rostro y dio un suave roce de labios acompañado por un “Te amo”, para después volver a caer desmayado.
Evan quedó atónito, Darlet… …l… Lo… ¡Había besado! ¡Y le había dicho que lo amaba! ¿Era cierto? El castaño no podía mentir en esas condiciones… Entonces él… No lo podía creer…
Aun tenía en su mente la imagen de cómo el chico lo besó, tiernamente, nunca antes se había sentido así por alguien, incluso por alguna mujer, y mucho menos por Ana ¿Acaso el también estaba enamorado? ¿Era un sueño? Es que había sido tan rápido, pero él sabía que el castaño no mostraba sus sentimientos a menudo… ¿Qué pasaría ahora?
Tardó unos minutos en reaccionar bien, y cuando lo hizo no pudo más que sonreír, al parecer Darlet estaba bien, solo estaba dormido, cuando despertara iban a tener una larga charla…

Continuará…

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