Capítulo 5: La Confesión
Evan apagó su auto y susurró a Darlet que se quedase ahí y que no saliese por ningún motivo. Enseguida salió y dio un portazo, como si no hubiese nada importante dentro de su auto, pero solo quería disimular que no ocultaba nada.
Caminó hasta el auto negro de en frente y entró escoltado por los guardias, una vez dentro, vio el rostro de la persona que menos estimaba en todo el mundo: su padre.
En el auto había gran espacio, era una limosina bastante lujosa, su interior estaba forrado de cuero blanco, había un teléfono para hablarle al chofer, había una minipantalla de televisión y un gran cristal polarizado que separaba al chofer del pasajero, mas para Evan, aquello era solo una cosa como cualquier otra que te ayudaba a transportarte.
-¿Qué es lo que quieres?- le preguntó de mala gana.
-Vaya, parece que te interrumpí en medio de algo muy importante ¿Ibas a salir?- comentó con sarcasmo, encendió un cigarrillo y abrió un poco la ventana, para que saliera el humo.
-Sí, en realidad tengo asuntos que atender, y que no te incumben, así que si no quieres nada, me voy- Evan trató de salir del auto pero este estaba con seguro, y los guarda espaldas estaban recargados en la puerta, por lo que no pudo abrir, aun más enojado, volteó a ver a su padre.
-Si esto es otro de tus sucios juegos…- comenzó, pero su padre le interrumpió.
-No, Evan, esta vez, tu estás involucrado, quieras o no.
-¿Pero qué demonios dices?
-Mis agentes dicen haberte visto semanas atrás en un restaurante a las afueras de la ciudad.
-Sí, fui con Ana, no creo que eso sea un delito ¿O si?- preguntó suspicazmente.
-No, eso no tiene nada de malo, pero… Es que ese día perdí algo muy valioso, y creí que tal vez tú lo sabrías.
-¿Valioso? ¿Tú desde cuando consideras algo valioso?
-No respondas así, Evan, no me conoces bien.
-Te conozco bastante bien como para afirmar que en realidad no es algo valioso para ti, si no que lo perdiste y temes que ese ‘objeto’ o como quieras llamarle pueda delatarte de alguno de tus ‘trabajos’, padre- dijo cruzando los brazos.
-Pues entonces en realidad no me conoces, Evan, pero se que esa actitud no muestra más que inseguridad, tal vez si has estado mas cerca del caso de lo que te imaginas.
-Mira, suficiente tengo con tus estúpidos negocios como para suponer que ahora me estoy metiendo en uno de ellos, por favor, reacciona, si tuviera algo tuyo, créeme que no dudaría en devolvértelo, es tan repugnante.
-Eso crees- susurró su padre, con una sonrisa en los labios.
-En fin, si es todo me voy.
-Sí, Evan, está bien, ya puedes irte, solo recuerda, que has prometido devolverme el ‘objeto’ si es que acaso llegaras a encontrarlo- “o darte cuenta”- pensó.
-Sí, sí, como sea, ahora dile a los gorilas que se quiten de mi paso. Y tú no te vuelvas a meter en mi vida privada, porque no tienes derecho- Evan echó una última mirada asesina a su padre, pues este bajó la ventanilla e indicó a sus guardaespaldas que dejaran ir a su hijo. Evan salió muy molesto dando un portazo, se dirigió a su auto y lo encendió. Esperó a que el auto se quitara.
Darlet se asomó inocentemente para ver si todo había terminado, cuando vio, Evan se encontraba recargado en el respaldo con los ojos cerrados.
-¿Qué pasó?- preguntó en voz baja.
-Nada, el tonto de mi padre siempre está molestándome, en fin, ya no quiero arruinar más la mañana ¿Nos vamos?- el pelinegro abrió los ojos y miró tiernamente a Darlet, quien adquirió un cierto tono rosado en sus mejillas.
-Sí, claro- se incorporó y se sentó en el asiento de adelante, junto a Evan- Pero… Te vez un poco agitado… Dicen que no es bueno que alguien se enoje.
-Vaya, ahora eres todo un experto en psicología… ¿O acaso te estás preocupando por mi?- comentó con su sutil sonrisa.
-N-no pienses mal, solo digo que… Bueno, olvídalo, tengo mucha hambre…- respondió desviando la mirada.
-Sí, igual yo, te llevaré a un restaurante bonito, te gustará la comida.
...
-¿Y qué piensas hacer? Ese es el caso del que debes encargarte.
-No puedo intervenir, si ese es el destino está bien.
-¿Destino?
-Sí, si era apropiado que sucediera eso para fortalecer la relación, está bien, intervendré de una forma que no perjudique a ambos.
-Pero Aniel, si no realizas este deber jamás te asignarán aquello que más anhelas, debes darte cuenta que la actitud que estás teniendo para tratar de ayudarlos no es la correcta, así solamente vas a empeorar las cosas.
Aniel se encontraba en una sala muy peculiar, era absolutamente blanca y los adornos eran de cristal, tanto los sillones como las mesas eran de plata, por lo que daba una apariencia celestial, la castaña se hallaba sentada en una de las esquinas de la mesa, con las manos juntas sobre esta, mientras que otro grupo de personas, todas vestidas de trajes blancos y otras de pasteles discutían un extraño caso que hasta el momento no se sabía con exactitud.
-Lo sé, pero tampoco me voy a comportar como una lanzada y voy a ‘soltar la sopa’ así nada más…
-Tranquila, Aniel, solo tratamos de ayudar, no se ni como alguien como tu puede estar en un sitio como este, con lo fría que eres…- comentó uno de los hombres que se encontraba al frente de la mesa, vestía un traje blanco con una rosa roja.
-Como sea, mientras cumpla el plazo que obtuve para realizar este trato no habrá inconveniente ni tienen por qué haber quejas, mientras el objetivo se cumpla, el método no tiene importancia ¿O si?
-En eso tienes razón, ya sabes, el plazo no se debe exceder.
-Sí- asintió la chica, se incorporó y se dirigió hacia la salida, por el momento, fuese lo que fuese que tuviera que hacer, parecía que tendría que aguardar.
...
Darlet le dio el último sorbo a la malteada y la arrojó a la basura, pero falló, Evan lo miró, hizo lo mismo, pero el si atinó, Darlet le dedicó una mirada furiosa al chico, pues sabía que él siempre trataba de humillarlo, pues Darlet no era tan fuerte como Evan.
Siguieron caminando un tramo más hasta llegar a un parque, una vez ahí, se situaron en la banca más lejana de la gente, una que estaba cubierta justamente por un gran árbol.
-¿Te divertiste?- le preguntó el pelinegro.
-Sí, la comida estuvo buena y el ambiente ligero, además ya me hacía falta salir- comentó mientras suspiraba, Evan lo miró extrañado.
-Darlet… Tú… ¿Eres feliz con migo?
Darlet lo miró fijamente, apretó sus puños un poco y se mordió el labio inferior.
-Yo… Supongo que… Que sí… -su rostro se puso rojo, y eso que Evan ahora no había hecho algo tan directo como para ponerlo así.
-Bien… Lo quería saber porque… -Evan estaba muy pensativo, normalmente decía lo que pensaba, pero ahora parecía que estaba teniendo una batalla entre su conciente y su subconsciente- olvídalo… ¿Quieres hacer algo más?
-Mmm, pues realmente no, tengo un poco de sueño, yo creo que sería mejor ir a la casa- dijo Darlet, con una de las pocas sonrisas que mostraba.
-Antes de irnos, quiero que sepas algo…- dijo Evan seriamente, viendo a Darlet.
-¿Qué es?
-Que pase lo que pase, si me tienes confianza, me cuentes lo que te ocurra, que yo siempre estaré ahí para darte apoyo- y sin pensarlo dos veces, Evan abrazo a Darlet mientras caminaban, este se supo aun más rojo y bajó la mirada, ahora si parecía ser definitivo: estaba enamorado del pelinegro.
-Sí… No te preocupes.
Pero mientras ellos se alejaban hacia el auto de regreso, unos ojos azules les observaban con odio y recelo, tal vez no hubiera sido conveniente que Evan hubiese sacado a Darlet, pues, al parecer, esta salida estaba atrayendo problemas.
-Le hablaré después, señor Dushku- dijo la voz femenina, que no era otra más que la de Ana, quien había quedado atónita al ver esa escena: a su novio abrazando a otro chico, como si fuesen pareja, y lo peor, ese chico, era el del restaurante.
Continuará…