Capítulo 3: Vacío
Evan se apresuró a entrar a su aula. Se le había hecho tarde gracias a Ana y a la chica con la que había chocado. No, también había influido que no había podido dormir toda la noche pensando en que hacer con el chico que escondía en su casa.
Llegó a su asiento y algo lo dejó tan impactado que hasta tiró las gafas que llevaba en la mano derecha.
Se trataba de la muchacha contra la cual había chocado momentos atrás. Pero era ilógico, pues él la había visto tomar la ruta hacia los jardines, no podía haber llegado al salón tan rápido, ya que solo había una entrada, y por ahí él había pasado.
-Ejem- carraspearon, Evan volteó y miró a su profesor que le observaba seriamente, sus compañeros de salón también le miraban así, todos eran de veinte años en promedio, Evan era el único menor edad.
Tomó sus gafas y se dirigió a su asiento de siempre, para su disgusto, junto a la chica, ella le daba mala espina.
El profesor tomó algunos papeles en sus manos y tomó aire.
-Dushku, como has llegado tarde, al parecer no conoces a tu nueva compañera, Aniel Sohme [1] dado que eres el mejor promedio hasta ahora ¿Te importaría darle los ensayos del semestre y los códigos éticos del Instituto que tiene que memorizar?
Evan permaneció estático, no le había agradado la idea, sobretodo porque aquella persona inspiraba un aire de temor. Se dignó a asentir con desgane, pues entonces habría visitas en su casa y el chico ya no podría pasar el tiempo con Darlet.
¿Un momento? ¿Desde cuando Evan quería pasar el tiempo con el niño ese?
...
Darlet se paseaba inquieto por el gran departamento, observaba cada rincón una y otra vez, se estaba aburriendo, en el antiguo lugar donde estaba podía correr hacia donde quisiera, pues era inmenso, pero ese lugar... Se suponía que había escapado y ahí se sentía como un esclavo nuevamente.
Caminó hacia el ventanal y se asomó tras las cortinas gruesas, solo veía autos, edificios y gente ¿Tan lejos había llegado?
Volvió a recordar los ojos grises, se parecían tanto, pero a la vez no, había algo diferente en estos, tal vez podrían ser iguales, incluso se veía aquella mirada de enojo reflejada en esta, pero... La última daba una expresión cálida que simplemente no se podía tomar como enojo, sino como preocupación.
Abrió un poco las cortinas, lo suficiente para poder observar, y se dejó caer abrazando sus piernas, podía huir si lo deseaba no importándole lo que dijeran de él, pero por alguna razón, no quería.
...
Los ojos cafés parecían querérselo comer, sentía la mirada vacía en su nuca todo el tiempo, algunos escalofríos le recorrían pues sentía un frío proveniente de ella.
Por más que se moviera o volteara a ver a la joven con enojo, ésta parecía no disimular, y aun cuando el profesor le preguntaba algo, ella respondía tal cual.
Saliendo de clases, Evan se dirigió directo a su auto, tenía impaciencia por irse, aunque lo negase, pero al acercarse bien vio de nuevo a la muchacha castaña parada aun lado de su auto ¿Cómo rayos sabía que ese era? ¿Acaso lo había estado espiando?
Se recuperó de la impresión nuevamente y le abrió la puerta del coche a su compañera, que contestó un ‘gracias’ firmemente, pero no emitió ningún gesto, Evan entró algo confundido al auto y arrancó.
Durante el trayecto no dirigieron palabra, Evan volteaba a ver a la chica de reojo de vez en cuando, pero esta veía fija el camino, parecía que no parpadeaba, y ahí estaban de nuevo esos ojos vacíos.
De pronto el celular del chico lo sacó de sus pensamientos, se tambaleó un poco antes de contestar, pues cuando vio el número, sintió su cuerpo entumirse, se trataba del número de su departamento, a veces Ana entraba sin razón alguna, pues se suponía que eran novios, pero... Si ella llegaba , y veía a Darlet....
Cuando trató de contestar, automáticamente colgaron, estuvo así un tiempo más como asimilando lo que había visto.
Evan aceleró el auto con algo de ¿Preocupación? Es que SÍ estaba cometiendo algo malo. La chica miró fijamente la expresión del pelinegro, como leyendo sus pensamientos, dibujando una sonrisa apenas perceptible, entrecerró sus ojos.
-Disculpa que me encuentre así- habló con cortesía- pero ha surgido una especie de contratiempo, al menos eso creo.
-…Él está bien, solo estaba preocupado- susurró, pero Evan logró escucharla, frenando el auto instintivamente.
-¿Qué?- dijo notablemente sorprendido.
La chica miró a través del espejo del auto y no dijo nada, por el cristal observó a Evan y respondió:
-No he dicho nada.
Evan la miró con miedo. Tal vez era mala idea llevarla a casa, pero ya había acordado algo, y... ¿Si ella veía a Darlet?
-Para que tengas más confianza, te esperaré afuera de tu casa, solo quiero que me entregues tus ensayos y el código, y ya no te molestaré más.
El pelinegro volvió a observarla, no era mala, idea, pero si una descortesía, y él precisamente debía ser así.
-No te preocupes, debió ser mi imaginación, aun así no puedo descartar la idea- aun más que antes, la presión siguió todo el trayecto.
Llegaron a una zona residencial, el edificio era enorme y se encontraba rodeado de áreas verdes, el auto entró en el estacionamiento y se detuvo, de ahí salieron el pelinegro y la castaña, tomaron el ascensor de ahí y marcó el número de su piso. Enseguida comenzaron a subir, la castaña miraba fijamente la puerta, como viendo a través de ella, mientras que Evan se recargaba ligeramente en una esquina, al parecer sufría de claustrofobia leve.
Cuando el ascensor marcó el número, las puestas se abrieron y la castaña salió primero, Evan se dirigió a la puerta de su departamento y sacó sus llaves, cuando abrió un aire frío recorrió el lugar, Evan se extrañó, pues afuera hacía un poco de calor. Encendió el interruptor e invitó a pasar a la chica.
Pero Evan sufrió de otro susto, pues en medio de la sala, se encontraba Darlet, tirado en el piso, con solo una camiseta ligera y un short, cerca del aire acondicionado, al parecer disfrutando del momento de paz, pero en cuanto unas llaves se posaron bruscamente sobre la mesa de la sala, reaccionó parándose de un salto.
-Lo lamento- fue su primera expresión, más esto hizo dar un bufido y una sonrisa por parte de Evan.
-Es mi primo -mintió- vino a quedarse un par de días- y se aproximó hacia Darlet, despeinándolo un poco, y haciendo que el chico pusiera una expresión de aturdimiento.
La chica sonrió, sabía que no era cierto, y ese era una de las principales razones por las que estaba ahí.
-Aniel*- dijo tendiendo la mano a Darlet, el chico solo se la quedó viendo, hasta que Evan apretó ligeramente su piel, haciendo que emitiera un quejido, que más que eso parecía gemido, resignado, se acercó a la chica y cerró el saludo.
-Darlet- comentó secamente.
-Darlet- dijo suavemente Evan, cosa que sorprendió al castaño- ¿Has sido tú el que ha llamado a mi celular?
El chico se sonrojó un poco.
-Lo lamento, estaba aburrido- si hubieran estado solos, Evan le habría gritado todas las frases conocidas al castaño, más sin embargo, por las condiciones, solo se limitó a sonreír, cosa que confundió más a Darlet.
-Bien, porque creo que solo se llama para emergencias o asuntos importantes, primo- Darlet bajó la cabeza apenado, Evan suspiró.
-Iré a traerte los ensayos y el código, espera aquí y toma asiento.
Aniel caminó hasta el sofá y se sentó, Darlet permaneció en pie, sin saber que hacer, que decir, ya que Evan había dicho una gran mentira. Y no sabía cuantas más.
Finalmente decidió tomar asiento frente a la chica, pues a Evan no le parecería que la dejase sola.
-¿Cómo te sientes? –preguntó tranquilamente Aniel, Darlet la miró un poco extrañado.
-Bien, gracias.
-Creo que aun no.
-¿Qué?
-Te falta mucho para sentirte bien.
-¿Por qué lo dices?- preguntó dejándose llevar por la curiosidad.
-Tú mismo lo sabes, ahora es leve, pero cada vez que lo vez, terminas por sucumbir.
Darlet quedó más sorprendido, pero no pudo preguntar más, ya que Evan llegó revisando unos papeles.
-Mira, aquí están los ensayos del semestre y este es el código del Instituto, se supone que debes de leerlo y dar tu punto de vista, primero una reseña, y luego un ensayo, lo demás te enterarás conforme vayas avanzando.
-Gracias- respondió la chica de ojos vacíos, tomó las cosas y se incorporó, se despidió vagamente de Evan y Darlet y se marchó, rechazando la invitación de Evan para llevarla a su casa.
Cuando Evan y Darlet quedaron solos, sintieron gran alivio, no solo porque la chica inspirara temor, si no porque se estaban dando cuenta de que empezaban a sentir algo extraño.
-No vuelvas a jugar con el teléfono- habló Evan, cuando los dos se encontraban en la sala.
-No tengo la culpa de que me mantengas como esclavo en tu departamento- le reprochó.
-No tienes a donde ir, es lógico que sea una persona considerada- respondió un poco nervioso.
Evan miró a Darlet y un escalofrío recorrió su cuerpo, era la primera vez que le veía con poca ropa, y sin embargo, había algo extraño que hacía que deseara ver más.
-Vamos a comer- comentó con enfado, pero no hacia Darlet, si no consigo mismo, pues eso no era digno de pensar de él.
Era muy extraño, la verdad Evan jamás se había sentido así, incluso por alguna chica, peor no sabía exactamente que era, Darlet se sentía igual, un poco frustrado con respecto a Evan, ya que su cuerpo había reaccionado positivamente cuando Evan le tocó la espalda, se sonrojó un poco y movió enérgicamente su cabeza.
Y encima de todo, estaba la chica...
Continuará...
* Aclaración: El nombre de Aniel, como saben, me encanta, así que investigué sobre él, y como es de un ángel.. Voilá!, le queda a la chica, no es que yo me esté tratando de meter en la obra o algo D:.