Capítulo 2: Sus Ojos
Llegaron a un lugar grande y oscuro, que enseguida se iluminó, dejando ver un gran espacio amueblado, muy juvenil y elegante, de colores verde fuerte, el chico solo observó con atención la escena, pero aun no habló.
-Te podrás quedar aquí, y no me preguntes por qué, solo tómalo como una disculpa por lo de hace rato... ¿Quieres tomar un baño?- el menor observó a su acompañante, ¿Por qué era tan amable con él, si apenas lo conocía? No sabía si confiar en él o huir ahora que el muchacho no permanecía tan cerca de él.
La tentación era grande. Necesitaba calor, y comida, avanzó lentamente hasta entrar en medio de la sala del departamento, y observó con mucha más curiosidad cada detalle. Evan lo miró y vio que su estado era más lamentable ahora que la luz le iluminaba.
-Gracias- respondió al fin el chico, pero no miró al pelinegro.
-Sí... Luego de que te bañes te curaré, si no esas cosas no cicatrizarán- comentó como si no tuvieran importancia, pero por dentro quería saber que rayos le había ocurrido.
Evan condució a su compañero al baño y mostró las toallas y ropa que usaría, nuevamente esos melancólicos ojos le vieron, no sabía por qué eso le causaba un gran agujero en el estómago, era la primera vez que una persona cualquiera le causaba... ¿Frustración? No, no sabía describir la palabra que era, lástima tampoco, porque el chico no inspiraba eso.
Se sentó en la mesa de su elegante comedor y por una casualidad su padre se le vino a la mente... ¿Qué diría cuando viera que su hijo sostuvo una pelea contra unos sujetos de clase baja?
El joven rió, ¿Qué le importaba a su progenitor? Si nunca había estado con él, y ahora que era dependiente, menos le debía de importar.
Aun así, él siempre había crecido lejos de sus padres, había aprendido más de cinco idiomas solo para un simple “Que bien, hijo” o había sacado las mejores calificaciones en una preparatoria abierta y había ido a una universidad prometedora para ser abogado, obteniendo un “No esperaba menos” como pago, y en cima, su padre que se encargaba de un horfanatorio de donde frecuentemente había quejas que él tenía que cubrir cuando su padre no se podía presentar por una ‘urgencia’.
Pasaron cerca de diez minutos en los que Evan se sintió por primera vez, y realmente, con una carga. Suspiró y se levantó.
Se dirigió al baño y tocó la puerta, nadie respondió, espero un rato y volvió a tocar. Era cierto que el muchacho era muy callado, pero un simple “Ya voy” le hubiera bastado, se recargó en el marco de la puerta y le llamó.
-Oye, el que veas que tengo todo esto no quiere decir que sea gratis, ¿No piensas salir?
Al ver que no obtuvo si quiera un quejido se preocupó un poco, el estado del chico estaba muy mal. No tuvo más remedio que forjar la cerradura, y, cuando entró, el vapor del agua salió precipitadamente del lugar, impidiéndole distinguir con claridad las cosas.
Más alarmado, llegó hasta la tina, donde el chico, parecía haberse quedado dormido. Evan se acercó y tocó su pecho, estaba respirando, así que no pudo evitar soltar una sonrisa, solo estaba cansado.
Lo sacó envuelto en una bata y lo llevó hasta el sillón. Miró nuevamente las marcas en su cuerpo y volvió a lamentarse, otra vez esa sensación de vacío.
Lo cambió e hizo lo más que pudo por curarlo, no era doctor, pero sabía algo. Se cuestionó sobre sus pensamientos, es que se había... ¿Encariñado? Con solo verle dormir no dejaba de sonreír, cosa que era muy difícil de ver en él, ya que siempre hacía menos a los demás, y sus sonrisas por más de ser sinceras o lindas eran burlonas.
Su ensimismamiento no duró mucho, pues el chico agarró fuertemente el brazo de Evan, y se empezó a mover abruptamente, empezó a gemir y a llorar, estaba teniendo una pesadilla.
Evan, no lo dudó y lo sacudió fuertemente para que despertara.
-¿Qué te ocurre? ¡Despierta!
Sus ojos verdes se abrieron de golpe y su respiración se agitó, miró a Evan y enseguida soltó su brazo. Se miró y vio que estaba curado y con una ropa muy cómoda, trató de alejarse del mayor en vano, pues la ropa era algo grande y le impedía moverse bien, Evan solo lo miró extrañado.
-Ya... Ya pasó... ¿Qué rayos estabas soñando? Me diste una gran sorpresa.
-Déjame ir- pidió.
Evan lo miró asombrado.
-No.
Los dos quedaron frustrados ante la respuesta, era cierto ¿Por qué no lo dejaba ir? Evan bien sabía lo que implicaba tener a un menor contra su voluntad encerrado, podría ir a la cárcel, y podría darse por terminada su carrera de abogado, ya que precisamente él debía conocer bien las leyes.
-No... Hasta que tus heridas hayan sanado, entonces te llevaré con las autoridades.
-¡No... A ese lugar no!- volvió a retroceder y miró suplicante al pelinegro, quien se sorprendió más, pues había reaccionado de una forma poco usual a un lugar así, tal vez... Su pasado algo tendría que ver con eso
-¿Qué tiene ese lugar que no te guste?- preguntó desafiante, el menor le dio la espalda- bien, parece que no quieres hablar, allá tú, pero te quedarás aquí, como ya lo dije. Duérmete en el sillón, y ni intentes huir, hay seguridad afuera, si sales de mi departamento diré que eres un ladrón y te mandarán a un lugar peor- Evan le dio la espalda y se dirigió hacia su habitación, dejando al muchacho consternado.
Se recostó en el sillón y cerró los ojos fuertemente, empezó a llorar en silencio.
-Es que esos ojos... No creí verlos de nuevo.
...
La mañana llegó y Evan salió de su habitación listo para ir a la universidad, pasó por la sala y vio al chico sentado cabizbajo... Tenía razón, debía dejarlo irse, que hiciera lo que quisiera, y así no se metería en problemas, pero por alguna razón... No quería.
-¿Tienes hambre? No cenaste anoche, olvidé ofrecerte eso, pero al parecer te importaba más la situación.
El castaño asintió.
-Bien, si quieres comer, solo tienes que responder dos preguntas, son muy sencillas, después podrás servirte lo que quieras.
El menor se mordió el labio inferior, parecía tener una lucha interna entre si confiar en el pelinegro o levantar más su orgullo.
-Pero que apetitosa se ve esta manzana- dijo Evan pasando de una mano a otra una manzana roja y grande, de buen aspecto, al chico le gruñó el estómago.
-¿Qué quieres saber?- contestó de mala gana.
-Hey, que tonito, tampoco merezco ese trato- agregó con una sonrisa, era increíble que tan temprano ya soltara una sonrisa- pero bien- comentó serio de nuevo- ¿Cuál es tu nombre y cuántos años tienes?
El menor suspiró, pensó que le preguntaría cosas más fuertes.
-Soy Darlet, tengo catorce.
-Luces más grande, en fin, Darlet, toma- lanzó la manzana hacia el chico, este la atrapó ágilmente- me voy, ya sabes, no salgas, no quiero problemas con la policía o la prensa, haz lo que quieras, mientras no contestes el teléfono o abras la puerta.
Evan tomó su chamarra y salió del lujoso departamento, dejando solo a Darlet.
Se quedó observando un poco la puerta y luego devolvió una triste mirada al suelo.
-No quiero que se vuelva a repetir... Incluso son los mismos ojos, pero ya no puedo retractarme...
...
Los ojos grises observaron tras los lentes oscuros a la silueta que se encontraba frente a su destino.
-Ana ¿Qué haces aquí?- preguntó saliendo de su auto deportivo.
-¿Cómo que qué hago aquí? Ayer estabas pésimo, hubieras observado tu rostro, me preocupé, es todo- comentó con tono de preocupación la rubia.
-Pues no debiste molestarte, yo me encuentro bien, gracias por preocuparte- Evan tomó barbilla de la chica y le dio un suave beso en los labios, esto la dejó más que complacida.
-Me alegra que te encuentres mejor.
-Sí.
-¿Y el chico de anoche? Aquél espantajo que subiste a tu auto, yo ni tocarlo hubiera querido, estaba sangrando y estaba mojado, por suerte que el dueño del establecimiento te prestó unas toallas, si no, tu auto hubiera quedado manchado y con un terrible olor a humedad.
-El chico huyó. Hoy en la mañana se había marchado- mintió.
-Pues que bien, así no te meterás en problemas, ya que sabes lo que implica tener a alguien como él encerrado.
-Lo sé- dijo mecánicamente, nuevamente sentía un hueco en el estómago.
En fin, me alegra que estés bien, no quiero quitarte el tiempo en tus clases- la rubia se acercó a él y le plantó un beso, al cual Evan esta vez respondió, luego se separaron y cada quien tomó su rumbo.
Mientras tanto, unos ojos cafés miraban la escena, parecían no tener expresión. Esa persona caminó hasta Evan, viendo que el momento indicado para acercarse a él y chocar a propósito.
Evan miró consternado a la persona contra la cual había chocado, pues no recordaba que hubiera alguien delante de él.
-¿Estás bien?
Una joven era contra quien había chocado, era de tez morena clara y con cabello y ojos castaños, la chica asintió y caminó como si nada, Evan sintió algo extraño en su pecho, pero no hizo caso, tenía ya muchos pendientes.
La chica miró su mano y sonrió, en ella se encontraban unos cuantos cabellos finos de color negro. Seguramente se los había cortado a Evan.
-…Este es, trataré de no intervenir, solo observar, después de todo, a eso vine.
Continuará...