Capítulo 12: El Encuentro
Aniel parpadeó varias veces y recobró el conocimiento. Entonces se dio cuenta, estaba volando. Sin embargo, un frío recorrió su cuerpo y sintió como parte de si se separaba, en seguida, el descenso.
-¿Qué rayos?- dijo Evan viendo como empezaban a descender con mayor velocidad- Aniel, frena o vamos a chocar.
Aniel lo miró confusa ¿Dónde estaba? Las alas desaparecieron de pronto y los cuerpos de ambos cayeron con más velocidad en forma de picada, si no hacían algo se estrellarían contra el pavimento.
Entonces la castaña reaccionó y cerró los ojos fuertemente, Evan notó que ya no tenía sus alas y que si no hacían algo ambos morirían.
-¡Hey! ¿Qué ocurre? ¡Haz algo!
Aniel tomó una bocanada de aire y apretó más a Evan, entonces ambos desaparecieron en el aire.
Un estruendo se escuchó en el basurero que había en un callejón. Al parecer los chicos habían caído en algo blando.
-¡Ah!-exclamó Evan de dolor, mientras trataba de sentarse inútilmente, puesto que la basura hacía un suelo deforme y blando que los hacía hundirse- cuando dije que hicieras algo, me refería a reaparecer tus alas.
-¿Qué?- dijo ella confusa, sobándose la frente, no recordaba mucho.
-Rayos, eso no importa ya, ahora dime donde hay que ir para encontrar a Darlet- dijo apresuradamente, levantándose de un brinco y saliendo de la suciedad del lugar, se limpió un poco la ropa y miró a Aniel, pero ella seguía con el ceño fruncido.
-Ehm, yo…- dijo ella, y pronto vino a su mente lo último que recordaba, cuando estaban en el hospital, ella dijo que lo guiaría con el chico- cierto… ¡Cierto! ¡Vamos!- y empezó a correr, pero Evan la detuvo.
-Espera, ¿No puedes usar esa cosa para transportarnos? Como hace rato, es que me golpeé la pierna con algo duro y me está doliendo.
-Tienes razón, serviría - dijo aturdida- pero me temo que ni yo se bien como lo hice, como aun soy joven apenas estaba aprendiendo eso, creo que es para situaciones en peligro.
Evan la miró fijamente y después frunció la boca, en seguida se puso a correr, no debía perder tiempo, luego Aniel le siguió, y tomó la delantera para guiarle a donde el aura de Darlet indicaba.
...
Darlet cayó al suelo estrepitosamente, se habría arqueado de dolor pero aun no tenía el control total sobre su cuerpo, ni el habla, y Sebastián estaba sobre el, sin la camisa y con una mirada de lujuria, ya estaba dicho: Iba a ser el fin.
El solo hecho de ver al hombre que había intentado abusar de él antes le daba un miedo y asco indescriptibles.
-¡Ah!- exclamó el sujeto- antes de que seas al fin mío, creo que deberé decirte una noticia para que puedas estar sin pendientes, sonrió- yo fui quien mandó a matar a tus padres.
...
-¡Evan! ¿Estás bien?
-Sólo fue un ligero piquete, sigamos.
Evan se había detenido tan de pronto que parecía que fuera a caer, se sostuvo el pecho y cerró los ojos fuertemente, como si hubiera sentido algo en su corazón tan indescriptible y preocupante.
-No lo digas por mucho- repuso Aniel deteniéndose al frente de un edificio, y cerrando los ojos, volteó a ver a Evan- hemos llegado.
Evan la miró confusa y levantó la vista, lo siguiente que supo fue que un mareo aturdidor, como si hubiese olido un líquido fétido, se había presentado, tambaleante, se acercó a la castaña y la miró con incertidumbre, incrédulo- ¿Aquí?
-Sí, Darlet está aquí, lo sé- dijo elevando la vista hacia el piso más alto o al menos el más visible.
-No puede ser.
-¿Por qué?- comentó Aniel, algo consternada.
-Aquí trabaja mi padre- dijo y ahogó un grito.
...
Darlet abrió los ojos tanto como pudo, el grito quedó en su garganta y pulmones, tan débiles que no aguantaban ni una respiración fuerte, su cuerpo empezó a acelerarse y a sudar, ÉL, el que lo había intentado violar, ÉL había matado a sus padres. No lo podía creer.
Un vacío se formó en su cuerpo y empezó a expulsar lágrimas silenciosas, tenía ganas de explotar y no sabía que hacer, un enojo indescriptible se apoderó de él y su respiración se aceleró. Sebastián Dushku lo miró con una sonrisa, satisfecho de que su víctima hubiera caído en ese trance.
-Y no sólo eso- susurró a su oído, Darlet empezó a mover los dedos de las manos, lentamente- los maté a propósito, por ti, sabía que, si morían, tú estarías con migo, y que mejor oportunidad que la excusa de no habernos pagado a tiempo, debo decir que salió perfecto, la policía no sospechó nada y tú fuiste a parar directo aquí, debo decir, que estaba muy feliz, hasta que tú- dijo pegando su cuerpo con el de Darlet, provocándole dolor, pero no se inmutó- te creíste el independiente, me golpeaste y huiste y lo peor- dijo mordiendo el cuello del castaño- fue que fuiste dar con mi hijo.
Darlet abrió los ojos en sorpresa y comenzó a llorar más. ¿El padre de Evan? ¿Él era? No lo podía creer, no, no era posible… Su sueño, había soñado eso, lo había hecho, no podía ser, no lo creía.
Gracias al enojo que en ese momento lo invadía, fue recuperando calor y fuerzas, sus músculos se relajaron y empezó a moverse lentamente, aprovechando lo “distraído” que estaba el hombre con él, esto no se quedaría así.
...
-Es que no lo puedo creer, Aniel- susurró Evan mientras evadían a los guardias pasando sigilosamente a través de puertas y ventanas- mi padre no sería capaz…
-Todo ser es capaz- le interrumpió Aniel- de hacer todo, pero las capacidades y la voluntad no siempre están a las altas.
El cuerpo del pelinegro estaba entumido y una extraña sensación de enojo y frustración le invadía, sin olvidar claro la preocupación embargante de saber que Darlet tal vez no estaba bien.
-Tu padre no es quien aparenta ser, y muy pronto lo descubrirás- dijo Aniel en voz baja, mientras corría para evitar ser vista por un guardia, Evan la imitó.
-Pero eso significa, que Darlet- dijo deteniéndose, de pronto, frente a una puerta, Aniel tuvo que jalarlo de la camisa para que los guardias no los descubrieran.
-No sabremos eso hasta que lleguemos- respondió mientras bajaba la cabeza, pues las cámaras de seguridad también eran una lata.
...
Darlet cerraba los ojos tan fuertemente que pensaba que con eso lograría desaparecer todo. Pero no era así, el padre de Evan seguía acariciando todo su cuerpo y ahora el menor ya no tenía nada arriba.
-Qué caprichoso es el destino ¿No crees? De todos los lugares a los que pudiste haber ido, llegaste con mi hijo, mi único hijo, y no creas que no se que ustedes sostienen una relación, ¡Y no le contaste de nosotros! Se le va a romper el corazón cuando sepa que lo engañas, mira nada más que infiel saliste- comentó con una carcajada.
Eso era todo. Darlet ahora sabía que iba a matarlo, si tan solo tuviera control sobre su cuerpo, si tan solo pudiese moverse más, gracias al enfado provocado había calentado su cuerpo y había conseguido moverlo un poco, pero con el hombre asqueroso sobre él sería más difícil.
...
Aniel llamó a Evan cuando se detuvo frente a una pared, Evan la miró tambaleante, y después viró hacia los lados, ¿Por qué se había detenido?
-¿Aniel qué…?- dijo pero ella le interrumpió haciendo un ademán con la mano, y señalo la pared, después caminó sigilosamente y se recargó en ella, con el oído pegado a la pared, como queriendo escuchar algo.
Evan la miró nuevamente consternado, habían recorrido una infinidad de pisos y pasillos y al parecer la altura le estaba afectando a la castaña.
-Mira hay…- nuevamente le interrumpió, pero esta vez tocó con su mano la pared, y efectivamente, lo que supuso estaba bien, esa pared estaba hueca.
-Aquí es- dijo haciéndose para atrás lentamente, Evan la miró boquiabierto, ¿Qué rayos le pasaba? ¿Estaba insinuando que Darlet se encontraba oculto en un pasadizo “secreto” en la oficina de su padre, la cual era la más grande del estado?
Pero el pelinegro no tuvo mucho tiempo para reaccionar, ya que lo siguiente que vio, fue a Aniel correr sujetando una de las macetas y estrellándola fuertemente con la pared, la cual se agrietó un poco, pero en ese instante las alarmas se activaron.
Evan seguía sorprendido cuando Aniel lo jaló de nuevo y le indicó que tomase impulso y que se estrellase en la pared junto con ella al mismo tiempo.
-No nos queda mucho, la seguridad ya viene, ¡Es hora!
Y guiado por algo extraño, Evan no protestó, simplemente asintió y juntos se impulsaron hacia la pared. Al principio se sintió algo hueco, y un dolor inmenso, como si tuviesen un calambre, pero en gran magnitud, luego sintieron el vacío y, cuando abrieron los ojos, ya estaban en el suelo frente a una especie de laberinto de madera.
Sin perder el tiempo, Evan y Aniel se incorporaron y, pese al dolor, continuaron corriendo, huyendo, tratando de encontrar a Darlet.
-¿Cómo hiciste eso?- preguntó Evan, mientras seguía a la chica, la cual parecía ser guiada por una especie de señal hacia donde se suponía que estaría Darlet.
-¿El qué…?
-¡Eso! No conozco a ninguna chica que pudiera levantar semejante maceta y arrojarla contra la pared como si fuese un balón.
-Recuerda que yo no soy un humano- dijo ella volteando de reojo, Evan parpadeó y recordó lo que le dijo, ahora era más creíble la historia- así que puedo decir que nosotros tenemos una fuerza mayor a los humanos, pero desafortunadamente no tenemos permitido dañarlos, créeme que si fuera así, le daría su merecido a esos tontos que vienen atrás.
Evan volteó y distinguió unas siluetas negras corriendo a gran velocidad, tratando de alcanzarlos, le parecía increíble que estuviera haciendo eso.
-Debemos perderlos de vista.
-Y ahí es donde entro yo- dijo Aniel, deteniéndose de pronto, Evan la imitó tan pronto como sus pies le permitieron frenar y trató de jalarla para continuar, pero ella, lo empujó hacia el lado derecho, el cual estaba en una pequeña bajada. El chico iba a contestar pero ella empezó a correr.
-Sólo sigue derecho, no dobles, sigue y encontrarás la puerta- dijo lo más bajo posible- yo te alcanzaré después de perderlos, porque después de todo, es tu pelea.
Y se fue.
Evan parpadeó y su mirada se encendió. Empezó a correr pensando solo una cosa en su mente: salvar a Darlet. Y lo iba a hacer. Costara lo que costara. Ya no sentía las piernas, ni oía nada, simplemente iba corriendo de frente, donde empezaba a notar como descendía ligeramente, era verdad, esa puerta lo estaba conduciendo hacía una especie de cuarto oculto.
Pero se le hacía extraño, pues habían subido muchos pisos evadiendo guardias y ahora comenzaba el descenso de nuevo. Se estaba mareando, se había golpeado duro al caer, había corrido demasiado y le empezaba a doler el cuerpo nuevamente, quizá las heridas del accidente no se habían ido del todo.
...
Darlet estaba tratando de moverse hacia algo que pudiera caer, alguna mesita, algún jarrón, pero lo más cerca era el escritorio y, este no tenía algo que pudiera considerar de ayuda, además de que ese abominable hombre le estaba lamiendo el pecho y tocando la entrepierna, y además estaba empezando a sentir el dolor y los estragos del accidente, tal vez la anestesia estaba pasando, tal vez no resultó ser tan fuerte, o simplemente su cuerpo la estaba desechando por tal coraje.
Fuese lo que fuese, necesitaba recuperarse más, porque entendió que Evan no estaría esta vez con él, tenía que hacerse la idea de que el pelinegro debía estar en el hospital ventado hasta la cabeza, en coma y con muchos doctores vigiándolo, o al menos eso creía, y ésta vez debía salir adelante solo, pudo huir una vez de este sujeto y debía poder hacerlo de nuevo.
Así que junto todas las fuerzas posibles, recordando cada palabra que le había dicho tiempo atrás y, con ese esfuerzo, logró empujarlo hasta que giró y cayó en el suelo, claro que producto de semejante esfuerzo le costó un grito que hizo que se lastimara la garganta.
-¡Mocoso estúpido! ¿Cómo saliste del cuadro de anestesia?- dijo incorporándose rápidamente, aunque le costó trabajo pues se había enredado con los pantalones que momento atrás se estaba quitando.
Darlet trató de incorporarse y correr pero había usado todas las energías que apenas se estaban recuperando para empujar al hombre, así que trató de gatear hacia la puerta pero Sebastián lo agarró de las piernas, lo hizo caer y golpearse, y luego lo arrastró hacia él y le abrió las piernas, colocándose entre ellas y sujetando al niño de la cintura.
-¿Sabes? Talvez no haya sido tan malo que recuperases tus fuerzas, pues me encanta que alguien sublime oponga resistencia, eso me excita- y en ese momento logró bajarse los pantalones.
-¡Evan!- gritó mecánicamente el castaño, y al parecer ese grito funcionó, porque de pronto dejó de forcejear y se quedó mirando un punto. Sebastián, al ver el comportamiento del chico, frunció el ceño y volteó hacia donde la mirada del menor se hallaba.
Y entonces soltó al chico, y sus ojos se abrieron enormemente. Frente a él, estaba quien detendría todo esto y lo delataría, estaba la persona con menos aprecio, estaba su hijo.
Evan estaba apoyado de la puerta, la cual había abierto silenciosamente. Apenas le había dado tiempo de cambiarse cuando estaba en el hospital así que solo traía una camisa de doctor blanca y un pantalón de igual color, con unos zapatos grises.
-¡Evan!- gritó su padre, aun sin poder moverse de la impresión, el pelinegro miró a Darlet y luego a su padre, su mirada estaba muy diferente.
-Si vas a hacer eso, al menos te hubieras asegurado de cerrar bien, ¿O acaso olvidas que yo también tengo los controles para abrir las puertas? Eso pasa por darme tus responsabilidades. La llave multiusos. Así se debe cerrar- dijo el pelinegro haciendo una serie de movimientos hasta que la puerta hizo un ligero “crac”.
-Tenemos que hablar, como nunca antes lo habíamos hecho…
Continuará…