Capítulo 1: Noche Fría
Era de noche y empezaba a llover. Hacía mucho tiempo que no sucedía, pero a él le daba igual, tenía mucha tarea como para ponerse a pensar en las simplezas de la naturaleza.
Se talló un poco sus grises ojos, estaba cansado por el esfuerzo, la luz del estudio cada vez era menor, tendría que cambiar la bombilla, después, sí, podría soportar otro rato así.
No pasaron ni diez minutos cuando el aburrimiento por fin lo venció, cerró el libro con pesadumbre al notar que no podría concentrarse si se encontraba en ese estado, bostezó con ganas y miró su reloj, apenas eran la 7:30 PM.
Era sábado, y todo joven sabe que ese es día de fiesta, una sonrisa maliciosa surcó su fino rostro, podría divertirse un poco, después de todo, lo necesitaba.
Tomó su celular y despejó sus negros cabellos de su frente, marcó el número de su mejor amigo: Julián.
Al tercer tono, Julián contestó, su voz sonada algo irritada y molesta, algo malo debía haberle ocurrido, pues él no era de los que se enojaban tan fácilmente.
-Evan ¿Qué quieres?
-¡Uh! Lo lamento, parece que llamé a Neuróticos Anónimos, en realidad quería hablar a Alcohólicos Anónimos- comentó divertidamente.
-Cállate, no estoy de humor para tus bromitas.
-¿Qué te ocurre? ¿Problemas con la economía del mundo bajo?- comentó con otra sonrisa, el chico a veces solía ser un poco presumido.
-No. Mi madre me ha castigado, por lo de ayer, de aventar rollos de papel higiénico en casa de Sara.
-Ja, eso fue divertido, así que valió la pena, pero bueno, como sea, te pensaba invitar a algún bar de la zona, pero al parecer la situación no es muy conveniente.
-Sí. Será para la otra.
Evan colgó. ¿Qué haría? Suponiendo que sus demás amigos también estuviesen castigados por la ‘pequeña sorpresa’ la única alternativa que le quedaba era hablarle a ella.
El joven dudó un poco. Ella era muy molesta, pero aun así la quería, ¿De verdad? No. Solo era algo digamos como su ‘pasatiempo’.
Volvió a marcar, y esta vez al primer tono contestaron.
-¿Evan? ¡Qué sorpresa! Tenía ya tres días que no me hablabas- se oyó al otro lado del teléfono. Evan suspiró resignado.
-Sí, Ana, lo lamento, he tenido mucho trabajo en la universidad, como sea, te invito a salir ¿Quieres?
-¿Bromeas? ¡Claro! Solo deja que me vista y en 30 minutos estaré lista ¿Sí?
-¿Tanto? Bueno, ya que, estaré ahí en media hora.
-Bien. Te amo.
-Ajá- fue todo lo que el chico pudo decir, antes de colgar.
No podía responderle de igual manera, ¿Por qué? Simplemente porque no la amaba, solo era diversión y no quería arruinar su vida con ataduras como el amor.
Volvió a mirar el reloj y se metió a duchar.
...
Por las oscuras calles con lluvia corría una desesperada silueta, jadeaba mucho, y sus pies parecían haberse vuelto de plomo, un líquido rojo, saliente de su boca, se mezclaba con el agua que resbalaba por sus mejillas.
Se detuvo un poco para respirar y divisar el lugar, sus ojos estaban tan cansados que hacían que denotara un paisaje borroso. Donde, por la parte de atrás, se alcanzaba a observar un pedazo de lámina que cubría la puerta, enseguida se apresuró a ir hacía allá.
...
En el bar más famoso de esa zona se encontraba un chico de hermosos ojos grises y cabello negro hablando desinteresadamente con una chica de cabello rubio y ojos azules.
-Tráigame otra- ordenó la chica al camarero, quien la miró con el ceño fruncido, la chica se comportaba como si fuera una reina.
-Enseguida, señorita.
-Mmm, se ve que hoy estás de un humor especial- dijo el chico, recargando su rostro sobre su mano derecha- en el teléfono sonabas distinta.
-Sí, lo sé, es que mi madre se negaba en dejarme salir, pero bueno, eso no importa ya, si ella sale con el tipo ese ¿Por qué yo no?- dijo sonriéndole, más ella no sabía que el chico odiaba esa sonrisa.
-Tendrás problemas llegando a casa- fingió como si el caso le importara, pero en realidad tenía que decir algo para no apesumbrar el ambiente.
-Sí, tienes razón, gracias por preocuparte- sonrió aun más.
...
Una hora después, Evan y la chica se dispusieron a marcharse del lugar, todo se estaba poniendo muy aburrido, o al menos eso pensaba. Uno de los sujetos que se encontraba tras de ellos quiso robar dinero de la cartera del de ojos grises, pero unos segundos bastaron para que el hábil joven se percatara y tirara un puñetazo al estómago de aquél sujeto. En respuesta, sus amigos se incorporaron y se acercaron amenazantes a Evan, Ana lo tomó del brazo en señal de impotencia, Evan no retrocedió, solo se soltó del agarre de la chica, dispuesto a seguir con el ‘juego’.
-Saben que este estúpido tuvo la culpa... ¿Y aun así quieren continuar ustedes? Creí que este era un lugar decente, pero al parecer es cierto lo que dicen, hasta las cucarachas se pueden colar.
-Viejo... Ese no era motivo para golpearle, mira, lo has dejado todo lastimado, y encima de todo nos insultas.
El pelinegro miró hacia su derecha, donde el cuerpo temblaba ligeramente gracias a los espasmos del dolor.
Volteó a verlos como si nada hubiera visto. Sus amigos se enojaron más, la seguridad se aproximó a ellos de inmediato, pero uno de los tipos hizo su cabeza hacia atrás dándole un golpe en la quijada, Evan aprovechó esto, y de un jalón, lo tiró por la puerta trasera del restaurante, ya que se encontraban cerca de ahí, Ana solo miraba pasmada la escena que su novio acababa de hacer.
Los de seguridad aprovecharon el momento y apresaron al otro sujeto y al que Evan anteriormente había golpeado, el joven salió con rumbo a donde el cuerpo había caído, y empujó el cuerpo del tipo con su pie, provocando un quejido de dolor, pero no de parte del hombre, esta voz, más bien, era la de un niño.
Perturbado, el pelinegro fijó bien su vista por el oscuro callejón y se dio cuenta de que había alguien más ahí, y, al parecer, el golpe que le había dado al sujeto también había repercutido contra él.
Se agachó hasta quedar a la altura de la delgada silueta que tiritaba del frío.
-Lo lamento. ¿Estás bien?
El niño no respondió, se sentó en una posición más cómoda y se sobó la parte donde el golpe le había alcanzado. Evan notó que estaba sangrando, pero su golpe no pudo haberle hecho semejante daño, además, la sangre salía por diferentes partes del cuerpo.
-Joven Evan, ¿Se encuentra bien?- uno de los sujetos de seguridad se apresuró a verificar el estado del de ojos grises, éste solo asintió mientras veía como el personal se encargaba del tipejo, ahora toda su atención se concentraba en el pobre niño.
Llevado talvez por el remordimiento, Evan tomó el brazo del niño y lo incorporó contra su voluntad, este solo lo observó sorprendido, entonces el pelinegro pudo ver unos ojos verdes que expresaban más melancolía de la que pudiera creer.
-Vendrás con migo.
...
-Evan... -susurró Ana, atónita ante la escena, su novio se aproximaba con un niño de no más de catorce años siendo jaloneado por el brazo, y atrás el sujeto de seguridad con el tipo inconsciente arrastrando, las autoridades ya se encontraban ahí para entonces, Evan salió ignorando por completo a la chica, mientras esta caminaba rápido tratando de seguirle el paso, los policías metieron al último de los tipos al auto, mientras que otras personas de seguridad se preguntaban qué hacía Evan con aquél chico que parecía seguirlo mecánicamente, pero nadie dijo nada, sabían que interrogar al hijo del señor Evan sería una mala opción.
El chico metió con cuidado al niño en la parte de atrás del auto y cerró, enseguida, fue con el dueño del lujoso restaurante para pagar los daños y recriminar el por qué de que dejaran entrar a cualquiera a sitios como ese. Por fortuna, y por miedo, no le cobraron nada y en cambio prometieron un trato especial.
Minutos más tarde todo parecía en calma, Evan conducía tranquilamente, como si nada hubiera pasado, mientras que el niño se había dormido al sentir un cálido lugar, Ana, algo conmocionada aun, se dispuso a prender un cigarro para calmar los nervios, pero Evan tomó su mano y retiró de ella el cigarro, tirándolo por la ventanilla del auto, la rubia lo miró extrañada.
-No fumes, puedes causarle daño- dijo sin siquiera voltear a verla, la ojiazul se molestó, pues no podía creer que su novio se preocupara más por el chiquillo que por ella.
Pronto llegaron a casa de Ana, y a pesar de que estaba a diez minutos del sitio, ese tiempo se hizo eterno, pues el ambiente era tenso y ninguno se había dirigido palabra.
Cuando el auto de Evan se estacionó Ana salió, no sin antes darle un beso en la boca a Evan, que no pudo responder, pues pensaba en alguna cosa importante, la rubia una vez más lo miró indignada y salió dando un portazo.
El auto quedó detenido otro momento más, Evan se recargó sobre su asiento mientras cerraba los ojos y sonreía.
-Debo admitir, que esos tipos por un momento me dieron miedo, pero lo que más me dio miedo, fue tu espantosa escena- comentó mirando al chico, que al parecer había despertado con el portazo de Ana. Y nuevamente, no dijo nada.
-Vallamos a mi casa- finalizó con naturaleza.