SEUL

Capítulo 3: La Bestia.

Enit se levantó enojado. Alguien había sonado una trompeta y aun no amanecía del todo, habían prendido unas luces para alumbrar el sitio y eso lo enfadó más. No había dormido bien debido al constante pensamiento de que Yamil o Hiram o cualquier otro llegaría en cualquier momento e intentarían hacerle “algo”.
Nadie había entrado, todo estaba en orden, aun así, se sentía fastidiado, él solía ser de esos que siempre se levantaban con un “pie izquierdo”.
Se estiró con pereza y se incorporó hasta ver que sucedía a través de la ventana. Varios Garkee estaban corriendo y empezando un entrenamiento matutino, uno de ellos cargaba la fastidiosa trompeta e iba al frente de los demás.
-Pobres- dijo, entonces, giró su mirada hacia la derecha y vio a Yamil recargado en uno de los cuarteles comiendo una manzana, sin preocupación alguna, viendo como corrían los demás y de vez en cuando fijando su vista a alguna otra dirección- perezoso- entonces pronunció.
Se volvió a sentar en la cama y se cubrió con una colcha, no recordaba haberla tenido anoche, pero daba igual, lo importante es que se cubriera.
De pronto se oyó avanzar a alguien hacia el cuartel donde el chico estaba, Enit, rápidamente se cubrió con la colcha y fingió estar dormido –“Yamil, es él que viene a molestar tan temprano”- dijo para sí, y sintió un hueco en el estómago y como tiritaba de alguna extraña emoción.
Pero no fue Yamil, ni Hiram o conocidos, fue un Garkee común que entró por unas llaves que se encontraban sobre la mesa, entonces Enit reaccionó, pudo haberlas tomado cuando pudo, pero no sabía ni a que vehículo pertenecían ni mucho menos conducir.
El sujeto cerró estrepitosamente y dejó al chico solo.
Pasaron tal vez unas tres horas y no hubo señas de nadie en el cuartel, la mayoría de Garkee se habían ido, tal vez a hacer su guardia, a algún asunto o qué sabía Enit, el caso es que ni Yamil se aparecía y tal parece que se había olvidado de él.
-“¡Mejor!”- dijo una voz dentro de sí- “Así sabes que está ocupado y que no intentará hacer nada”.
Cuando había devorado lo que quedaba de las frutas, y tenía unas inmensas ganas de ir al baño, no le quedaba remedio que salir, pero al parecer no había nadie a la vista.
-“¡Un momento!”- dijo la voz interior- “Si no hay nadie puedes salir y huir, así el mismo Yamil se lamentará el haberte dejado sin guardias”- a Enit se le formó una sonrisa triunfal y se asomó por la ventana, tenía un espacio muy pequeño pero seguramente cabría, ya que tal vez la puerta tenía seguro o alguna trampa, conociendo al loco pelinegro y su obsesión.
El castaño trepó hasta la ventana y se deslizó fácilmente, ahora el problema sería la caída, no estaba tan alto, y abajo había pasto, no iba a dolerle, al menos no mucho.
Se dejó caer consciente de que tal vez le dolería un poco. Pero para su sorpresa había caído en algo suave, algo… Como un cuerpo.
-¡Estúpido!… ¿Qué rayos…? ¿Eh? ¿Enit?- Yamil se encontraba leyendo recostado en una banca con almohadones, debajo de la ventana, y Enit había caído sobre él, habría problemas…
-Lo… Lo lamento- dijo balbuceando, Yamil se veía visiblemente molesto y había tirado el libro que estaba leyendo, se intentó incorporar pero Yamil lo detuvo de las muñecas.
-¿Intentas hacerme enojar o sólo estabas “observando el panorama”?
-Yo…- dijo sin aliento, que estúpido, ¿por qué no se fijó qué había abajo en vez de acudir a su lógica?
-“Yo…”- dijo imitando burlonamente al chico, pero después se limitó a recostarse nuevamente en la banca, poniendo sus manos bajo su nuca, simplemente observó al castaño sin pena alguna.
Enit se apresuró a bajar pero las piernas de Yamil le sostuvieron la cadera y le impidieron realizar algún otro movimiento.
-Déjame ir- le contestó seriamente, Yamil siguió como si nada viéndolo igual de serio también.
-¿Y me puedes decir a dónde irás si es que te dejo ir? Me supongo que tu manada ya te echó, no vienen a caer Paures por los bosques de un Garkee a menudo, a menos que quieras irte a vivir ahí peor que un salvaje.
-¡Ya te dije que no soy un salvaje!- respondió fúrico, ¿Es que no entendía?
-Oh, pues con ese comportamiento lo estás demostrando- Enit se quedó quieto ante el acierto del mayor y bajó la mirada.
Al parecer Enit se había relajado, por lo que Yamil soltó un poco el agarre, pero permaneció alerta, mientras recogía el libro y volvía a abrirlo para continuar su lectura, permaneció así unos cinco minutos, sin hacer caso al castaño, éste se estaba empezando a desesperar.
-¿Qué no tienes nada que hacer?- comentó de mala gana tratando de moverse, aunque le fue inútil.
-Yo soy el capitán, me puedo tomar ciertos lujos- dijo sin apartar la vista del libro, Enit, frunció el ceño.
-Qué mal capitán, un capitán no debería aprovecharse de su cargo, debería demostrar por qué está en ese cargo- ahora fue Yamil quien frunció el ceño y apartó la vista del libro un momento.
-Ya te dije que tú no estás en condiciones de decírmelo.
-Aja sí ¿Y qué más? Yo soy un ser humano igual que tú y puedo hacer lo que quiera, porque yo no estoy de acuerdo con esa separación de clases.
-Pues yo también soy un ser humano, y puedo hacer lo que quiera- dijo Yamil fijando la vista en Enit- incluso si en este momento lo deseo, puedo arrastrarte hasta el cuarto y violarte cuantas veces quiera.
Enit se puso considerablemente rojo y entonces trató de salirse más del agarre de Yamil, pero éste no lo dejaba, parecía disfrutar aquellos movimientos.
-Voy a gritar si no me dejas- le amenazó, empujando inútilmente las piernas de Yamil para poder salir, pero Yamil ni se inmutó.
-Gasta toda la voz que tengas, porque la base está en estos momentos en fase de camuflaje, y no te pueden ni oír, ni ver, por eso no me molesta que estés encima de mí, a mitad del bosque y en pleno día.
-Eres un bastardo- dijo apretando los dientes, Yamil sonrió.
-Gracias, si supieras cuantas veces he oído eso- Enit parpadeó varias veces y miró para otro lado.
-¿Por qué me elegiste a mí? ¿Por qué si han llegado más Paures a ellos no los retienes? ¿O todos pasan por esta… Tortura?
Yamil lo siguió viendo un largo rato y entonces se levantó, tirando nuevamente a Enit con brusquedad, el chico lo miró con frustración y enojo. El pelinegro avanzó despreocupadamente hacia la banca más cercana, pero Enit no lo dejó y lo siguió. Se interpuso en su camino al llegar, Yamil lo observó fijamente.
-¿Qué es esto? ¿Acaso eres bipolar? ¿Por qué primero finges tanto interés en mí y de pronto te muestras cortante y me quitas de tu camino?
-De manera que… - comenzó Yamil, cerrando los ojos- te gusta la atención que te presto.
-¡No lo malinterpretes!- dijo Enit, apretando los dientes- simplemente odio que la gente me trate de una u otra forma, como les convenga- tras esto hizo una breve pausa de silencio, Yamil lo miró y entrecerró los ojos.
De un instante a otro se agachó un poco para quedar a la altura de Enit y lo besó sin previo aviso. Lo tomó de los hombros y lo acercó más a él. El castaño permaneció quieto. Sintió esas cosquillas regresar, una excitación y un calor lo invadieron.
-“Todo es cosa del cuerpo. Vana. Enrevesada. No Enit, no sientes nada por él”.
Sin embargo, esta vez Enit permaneció quieto, sin saber que hacer, ya no era como aquella vez, como la primera, Yamil sabía bien lo que sentía Enit, lo podía percibir.
Yamil lo dejó al observar que permanecía quieto, pensante, y lo soltó poco a poco.
-Vas a ser un Garkee- dijo fijando la vista hacia otro lado, Enit salió de su trance y lo miró sorprendido.
-¿Qué?
-La única forma en que puedas permanecer aquí es que te conviertas en un Nustre o un Garkee, pero como Garkee tienes más libertades para merodear donde quieras y hacer lo que quieras.
-P-Pero… Es que yo no quiero estar de ningún lado.
-Pues mira niño, para sobrevivir a este asco de mundo tienes que estar en un lado o en otro, no puedes ir predicando con florecitas un equilibrio que ni la persona más influyente del mundo lograría cambiar.
-Todo en este mundo es posible, aun los tiempos, aun las cosas- dijo apretando ligeramente las manos- aun lo más difícil y vano es capaz de cambiar, si nosotros lo proponemos.
-Nada cambia- dijo Yamil secamente, tomando la barbilla del castaño- ¿Por qué habría que intentar sacrificar algo para cambiar otra cosa?
-Claro que sí se puede, yo he tenido esa convicción todo éste tiempo, yo he visto todo lo que ocurre, puedo asegurártelo, yo sé que se puede cambiar, aunque parezca difícil y aunque la gente ya no tenga esperanzas, siempre queda ese brillo al final que motiva a aquellos que en verdad lo perciben… ¡Ahhh!-
Yamil le dio un golpe en la mejilla a Enit y lo tiró. Enit sacó sangre por la boca, y Yamil lo miró con desprecio.
-Tú y yo tenemos ideales diferentes, después de todo, eres un asqueroso Paure que intenta cambiar su atroz destino. Mañana- dijo y después hizo una breve pausa- empieza tu adiestramiento, para ser un Garkee.
Y dicho esto se fue. Enit permaneció en el suelo, sorprendido, dolido, sobretodo por la forma en la que Yamil lo trataba, es como si hubiese dos personalidades dentro de él, una extraña, incomprendida y burlona, y otra irrompible, dura y tensa. ¿Qué era lo que le pasaba a Yamil?
Lloró sin querer, no sabía que era lo que había hecho mal para que la vida lo tratara así, ¿Por qué no nació en otra época? En la antigua, talvez, porque ahí no había esa clase de separaciones, pero no, había estado buscando la libertad, y terminó siendo esclavo de la persona más irascible que hubiera conocido.

Yamil entró en la habitación dónde antes había estado Enit y se desplomó sobre la cama, agarró su cabello y recargó sus brazos sobre sus rodillas. Ese enorme deseo por pecar, matar, desgarrar, quitar el aliento, ¿Por qué tenía que ser un pecador nacido entre limpios? Simplemente no encajaba. Desde que tenía conciencia fue obligado a ocultar cualquier emoción humana que reflejara un acto impío, bajo, sucio, y ahora, años después, ese deseo reprimido se había convertido en una bestia, una bestia la cual rasgaba su alma y su conciencia para salir y gritar al mundo que estaba asqueado de su vida.
De pronto empezó a sentirse mareado, la culpa la tenía Enit, tenía ganas de hacerlo suyo, de dejarlo sin voz, quería ser el dueño de sus gritos; se llevó una mano a su boca y mordió uno de los dedos, siempre le ocurría esto, siempre que deseaba algo sucio se reprimía, pero Hiram había cambiado todo eso, no sólo había abierto una salida para la bestia que habitaba en su interior, si no que la había corroído más de lo esperado, a tal punto que ya no era la persona seria y respetable de antes, ahora era una persona burlona, imponente y superficial, pero aun sentía que algo le faltaba.
Sacó un cuchillo oculto en su pantalón e hizo una cortada en su mano, reprimió un grito y poco a poco sintió tranquilidad, el líquido carmesí caliente le proporcionaba un poco de paz, se empezó a relajar y lamió su propia sangre, después se acostó en la cama y permaneció así. En ese momento Enit entró.
La escena lo sobresaltó mucho.
-Eh- Eh, yo, ¿Q-qué pasó?
Yamil ni siquiera lo miró.
-Lárgate- Enit por un momento estuvo a punto de hacerle caso a la primera, pero era evidente que algo le pasaba a Yamil y no podía ser inhumano, tenía que ayudarlo.
-Me iré cuando haya arreglado eso- apuntó hacia su mano sangrante y se dirigió hacia el interior- ¿Dónde tienen sus vendas, y alcohol?
-Ja- se bufó Yamil, jadeando un poco- ¿Sabes curar, Paure?- nuevamente estaba en una etapa de burla. Enit no hizo caso al comentario y observó el botiquín con una cruz en él, lo tomó y lo abrió, después sacó unas vendas y un desinfectante. Trepó por la cama y se sentó junto a Yamil, el pelinegro parpadeó, pensó que se iría con el comentario anterior, pero no.
Enit tomó su mano y echó un poco de alcohol y luego colocó algodón presionando la herida, para que saliera un poco de más sangre, después colocó una especie de pomada y con una gasa y una venda amarró la herida, Yamil tenía la boca ligeramente abierta, y observaba fijamente al castaño, ¿Por qué lo hacía? ¿Qué le quería mostrar con eso?
-Listo- los movimientos de Enit bajando de la cama lo aturdieron- yo sólo venía a decir, que me uniré a ustedes, por ahora, quiero ver qué es lo que hacen, y si puedo cambiar algo estando aquí- después se retiró, dejando a Yamil muy pensativo, luego miró su herida recién curada, parecía un sueño que el castaño hubiera entrado, arreglado su herida, y se hubiera marchado después quedando sublime a sus órdenes.
“La bestia… La bestia se aleja cuando él está cerca de mí”…
“No quiero que nadie sea especial para mí, la vida es para disfrutar, no para depender, sólo quiero hacerlo mío, y botarlo como los demás, pero no puedo, ¿Por qué no puedo?... ¿Es eso lo que realmente quiero?”

Continuará...

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